martes, 2 de abril de 2013

Primeras impresiones

Estoy leyendo simultáneamente dos volúmenes de ficción de autores más que reconocidos en los últimos años. Por una parte, las reseñas que la crítica viene realizando sobre la obra del chileno Alejandro Zambra son más o menos unánimes y tentadoras, aunque tras alcanzar aproximadamente la mitad del libro, le sobre, a mi juicio, algo de artificio retórico. En cualquier caso, su literatura es en la forma aterciopelada y absorbente, pero corrosiva y poco indulgente con la historia reciente de su país. Por eso, en Formas de volver a casa, se decide a matar a ese padre moralmente dubitativo y culpable. Ya les contaré.

Por otra parte, siguiendo mi fascinación por la literatura errante de un puñado de los escritores judíos (creo que hace pocas semanas mencionaba una relectura de Herzog, ese volumen demoledor y apabullante de Saul Bellow) me he interesado por el ya archiconocido David Grossman. Hacía tiempo que, salvo un par de magníficos libros de Amos Oz, no leía nada de un narrador israelí, lo que me provocaba cierta prevención, no en sentido ideológico (de eso ya me había asegurado), sino porque no parecía fácil que en tan poco tiempo un país con una población más bien reducida produjera dos monstruos. Pues bien, otra vez me equivoqué. Grossman no es comparable a Oz en lo estilístico, pero sí en la calidad de su obra.

Digo todo esto porque en ambos casos es mi primer acercamiento a los dos narradores. En otras ocasiones, el primer contacto con un autor me ha generado expectativas que luego se han ido frustrando. Es lo que me ocurrió por ejemplo, con Philipe Claudel, de quien hoy traigo el que para mí es sin duda su relato más equilibrado e interesante. Las experiencias posteriores con otros dos de sus volúmenes fueron francamente decepcionantes, a pesar de los numerosos elogios de críticos y editores, pues el escritor francés pierde definitivamente el equilibrio y se decanta por una sensiblería blandurria poco edificante.

Tampoco supe digerir al indomable Bolaño en mi primer acercamiento que, por si acaso, se trataba del monumental 2666. Desde luego, como cabría esperar, la sensación inicial fue parecida a la de pasar junto a una apisonadora sin control, sensación absolutamente diferente a la que tuve con otras de sus obras. Y es que esa es una de las características de Bolaño, la imposibilidad de su encasillamiento.

En fin, aquí les dejo mi impresión sobre los dos volúmenes; eso sí, solicitando alguna indulgencia. Esto es lo que tienen los primeros escarceos, también en literatura.


 
Autor: R. Bolaño
Título: 2666
Impresión: 8,5

Lo que Bolaño nos propone es un largo viaje por diferentes paisajes. Se trata de una larguísima, monumental y muy ambiciosa novela póstuma compuesta de cinco relatos (que iban a publicarse en principio de forma independiente y que afortunadamente vieron la luz como “novela total”) y que tienen como única conexión el hilo desvaído del rastro de la sangre vieja y ancestral que dejan las violentas muertes inexplicadas de más de doscientas mujeres en Santa Teresa (remedo de Ciudad Juárez). Por su carácter póstumo es también relato inacabado, lo que supone que convivan, no siempre de manera estable, brillantes pasajes de la trama principal con abundantes intrahistorias secundarias, digresivas, circulares y recurrentes, que moldean un enorme e intrincado andamio, a veces inútil, a veces digresivo o retórico, pero siempre colosal y omniabarcador.

Con algún tiempo adicional concedido al autor, la sensación que nos queda es que, efectivamente, algo más depurada, podría haberse convertido en novela total, en referencia monumental del nuevo siglo, por la desestructurada integración de individuos, relaciones, situaciones o vidas circulares (de ahí su insistencia en el mito de Sísifo); novela que, a fin de cuentas, integra la brutalidad de las muertes en la cotidianeidad del magma vital, en la frontera miserable, salvaje y animal, manteniendo sin embargo un tono vitalista y débilmente esperanzado, aunque sea en el lejano escenario temporal del inexplicado título. Por cierto, tampoco aquí falta la ácida crítica a los circuitos literarios de consumo, en el primero de los relatos, en el que el hilo argumental se centra en la búsqueda de Archimboldi.

No sé como la historia literaria calificará al indomable Bolaño; yo me quedo, en este caso, especialmente con su literatura de frontera que vertebra la narrativa de dos siglos, o con la tenebrosa muerte de mujeres que suceden y se explican también por la frontera en la que las leyes se diluyen en una falla que produce detritus y muertos, pero que, justamente por eso, por encontrarse en la periferia de casi todo, hace posible ocasionalmente manifestaciones artísticas en estado puro.

¿Qué habría ocurrido si la novela se hubiera publicado en cinco partes? Sin duda habría perdido ese estigma de pesadez, de enorme masa informe y genial, de abrumadora narración mastodóntica, de dolorosa circularidad o de múltiples planos yuxtapuestos que dificultan y enriquecen la lectura: la frontera como falla, como promesa de regeneración, el absurdo determinismo de la muerte reiterada o la irónica caricatura de la mitomanía literaria son, a mi juicio, los tres ejes a partir de los cuales se genera el inimitable y fascinador universo Bolaño, y aquí se nos muestran los tres en estado puro. - (Noviembre 2005)



Autor: P. Claudel
Título: Almas grises
Impresión: 7,1

Sorprendente novela en la que el título resume, como en pocas, el contenido torturado, cruel, sensible, vergonzante y mísero de unas almas que sólo podían ser lo que son, opacas y grises.

En un invierno francés, húmedo y frío de la guerra del catorce, una pequeña ciudad junto al frente se empeña en vivir, con sus pequeñeces de cotidiano e insípido provincianismo. El autor, bajo una aparente trama inicial de investigación policial tras el asesinato de una niña, nos va mostrando distintos retratos sencillos de personajes provincianos, de almas que, aun pudiendo cometer atrocidades -y también heroicidades-, no son ni blancas ni negras, simplemente grises, descripción ésta que, por otra parte, podría calificar con poco margen de error a casi toda la especie humana.

Relato equilibrado que rehúye los golpes emocionalmente bajos utilizados con alguna frecuencia en este tipo de tramas. De hecho, salvo algunas recreaciones de postal de suvenir, el texto es más o menos limpio, estableciéndose una relación generalmente transparente y honesta con el lector. De este modo, como cuando se pela una cebolla, vamos descubriendo poco a poco las distintas capas de personajes que, en otras condiciones, podríamos haber sido cualquiera de nosotros. Y ya digo, se agradece especialmente la sencillez de la trama y el alejamiento de las lecciones moralizantes que tanto abundan ahora en los mercados eclesiásticos y en los librescos. - (Octubre 2006)

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