Como todos los años, durante las últimas semanas han ido apareciendo listas literarias de todo tipo, desde los volúmenes más vendidos hasta los más votados por los lectores, pasando por las elecciones de los críticos y reseñistas. No puedo opinar al respecto, pues durante 2012 apenas he leído publicaciones aparecidas este año. De hecho, creo que solo seis de mis lecturas se han publicado durante 2011 o 2012, aunque algún otro clásico, como Korolenko, la trilogía de Davies o el calvario de Hara se hayan reeditado ahora. Tampoco deberían opinar los críticos, a no ser que hayan leído todo lo publicado a lo largo del año. Como eso no es posible, a partir de unas cuantas decenas de lecturas, el resto lo rellenan con visitas a Google, reseñas de otros colegas y maniobras parecidas para ganarse el pan, el suyo y el de los editores cercanos.
Lo único que puedo hacer yo es hablar de mis lecturas y, cómo no, hacer una listitas según el orden de preferencias. Dejando los volúmenes que quedan fuera de la ficción o las pocas incursiones poéticas, este año han caído en la buchaca exactamente cincuenta libritos, de los cuales, al menos cuarenta (y no exagero) serían, desde mi perspectiva, absolutamente recomendables, pues, aunque podría discutirse la calidad literaria de alguno de ellos (Buñuel o el mencionado Hara) la fuerza de su valor documental los salvaría de cualquier intento de quema, por exigente e inquisitorial que este fuera. De los veinte que mejor impresión me han dejado solo tres se han publicado originalmente en idioma ibérico (el catalán también existe): Fuentes, Pacheco y Cabré, aunque Ayala, Piglia o Lebrero podían estar ahí con los mismos méritos.
Releo la lista y no encuentro muchas decepciones. Tal vez habría esperado algo más de Claudel (exceso de moralina previsible y retórica), Vidal (la comparación con Juliano siempre tendrá las de perder) o Marsé (tan idéntico a sí mismo que más que lectura parece relectura); pero el mayor desencanto ha sido sin duda el de Benjamin Black, la otra cara de John Banville. No es que salga mal parado con relación a otros títulos del género negro. El problema es que no debería permitírsele a alguien con su genialidad perder el tiempo en jueguecitos policiales.
¿Y para qué otra lista? Para nada, para mimetizarme con el entorno, para enfatizar la subjetividad, la discapacidad lectora, para ponerme la toga y juzgar en una justa tan infantil como desigual, pero que no desentona con la opacidad crepuscular de los alrededores que precede a la felicidad luminosa de la bombilla navideña, esa felicidad que estos días unos regalamos a otros con desmesura y algo de estulticia, pues si pensáramos un poco más en su significado, en su procedencia, en su propiedad monopolística o en la cantidad de colorantes y conservantes que le otorgan su materialidad de espejismo… tal vez entonces, en lugar de felicitar el año nos limitaríamos a regalar un cheque descuento.
Bien, aquí dejo la lista que, repito, es solo otro acto de soberbia, aunque esta vez no censuro nada, es decir, que incluyo los cincuenta volúmenes. Sobre el orden nada que decir, otra dosis de soberbia y punto.
1: Barnes, J. - El loro de Flaubert
2: Svevo, I. - La conciencia de Zeno
3: Mann, T. - Doctor Faustus
4: Foster Wallace, D. - La broma infinita
5: Koestler, A. - El cero y el infinito
6: Maupassant, G. - Cuentos completos de terror, locura y muerte
7: Davies, R. - El quinto en discordia
8: Musil, R. - Las tribulaciones del estudiante Torless
9: James, H. - Los embajadores
10: Lobo Antunes, A. - Manual de inquisidores
11: Saramago, J. - El año de la muerte de Ricardo Reis
12: Fuentes, C. - Aura
13: Walser, R. - Jacob von Gunten
14: Hemingway, E. - Cuentos
15: Handke, P. - La tarde de un escritor
16: Davies, R. - Mantícora
17: Pacheco, J. E. - Las batallas en el desierto
18: Kertész, I. - La bandera inglesa
19: Wolff, T. - Cazadores en la nieve
20: Cabré, J. - Yo confieso
21: Ayala, F. - Muertes de perro
22: Hrabal, B. - yo que he servido al rey de Inglaterra
23: Scepanovic, B. - La boca llena de tierra
24: Manea, N. - El sobre negro
25: Piglia, R. - Blanco nocturno
26: Lebrero, M. - La ciudad
27: Ayala, F. - El fondo del vaso
28: Marías, J. - Los enamoramientos
29: Buñuel, L. - Mi último suspiro
30: Davies, R. - El mundo de los prodigios
31: Ibargüengoitia, J. - Las muertas
32: Azúa, F. de - Autobiografía sin vida
33: Spark, M. - Memento mori
34: Keun, I. - Después de media noche
35: Stamm, P. - Lluvia de hielo
36: Kureishi, H. - Algo que contarte
37: Landolfi, T. - Relato de otoño
38: Suárez, G. - El síndrome de Albatros
39: Oksanen, S. - Purga
40: Korolenko, V. - El músico ciego
41: Hara, T. - Flores de verano
42: Claudel, P. - El informe de Brodeck
43: Vidal, G. - Creación
44: Marsé, J. - Caligrafía de los sueños
45: Fitzgerald, P. - La librería
46: Oates, J. C. - La hija del sepulturero
47: Vicent, M. - Aguirre el magnífico, retablo ibérico
48: Mellado, I. - El perro que comía silencio
49: Black, B. - El otro nombre de Laura
50: Markaris, P. - Con el agua al cuello
Ps:
Gracias a los cuatro o cinco amigos que con la misma o más soberbia (y con el tino igual de cuestionable) me han recomendado algunos de los volúmenes mencionados. En algún caso me han hecho descubrir autores nuevos, como Korolenko (tan nuevo que pudo ser el padre de Gorki), Suárez (más allá de su faceta de cineasta) o Scepanovic, otra joyita más surgida de la escombrera balcánica.
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