Entra la noche como un trueno
por los rompientes de la vida,
recorre salas de hospitales,
habitaciones de prostíbulos,
templos, alcobas, celdas, chozas,
y en los rincones de la boca
entra también la noche.
Entra la noche como un bulto
de mar vacío y de caverna,
se va esparciendo por los bordes
del alcohol y del insomnio,
lame las manos del enfermo
y el corazón de los cautivos,
y en la blancura de las páginas
entra también la noche.
Entra la noche como un vértigo
por la ciudad desprevenida,
rasga las sábanas más tristes,
repta detrás de los cobardes,
ciega la cal y los cuchillos
y en el fragor de las palabras
entra también la noche.
Entra la noche como un grito
por el silencio de los muros,
propaga espantos y vigilias,
late en lo hondo de las piedras,
abre los últimos boquetes
entre los cuerpos que se aman,
y en el papel emborronado
entra también la noche.
José Manuel Caballero Bonald
Sí, creo que ya iba siendo hora de reconocer la trayectoria de uno de los miembros más notables de la generación poética de los cincuenta, última generación a la que podemos identificar con una fecha, pues lo que vino después es otra cosa, más informe, heterogéneo, huidizo y difícil de clasificar. Hace unos meses, cuando publicó su último poemario, Caballero Bonald también nos anunció (la epidemia comienza a ser preocupante) que no escribiría más y ahora lo reitera añadiendo que, aunque nunca ha sido amigo de trofeos, el Cervantes es un buen broche final a seis décadas de escritura.
No conozco mucho de su obra narrativa –que tampoco es muy amplia-, pues las incursiones en dos de sus novelas (solo conservo memoria escrita de una de ellas) me parecieron una prolongación de su obra poética y no precisamente de lo más logrado. En mayo del pasado año ya traje al Blog mi impresión sobre Ágata ojo de gato, novela extraña y nebulosa escrita allá por los años setenta.
El anuncio del Cervantes me ha sorprendido con la última novela de Ricardo Piglia entre las manos, Blanco nocturno, otro ejercicio narrativo intertextual (así llaman al que se sale del tiesto etiquetado) tan interesante como siempre. Por dejarlo enfriar, traigo hoy su novela (por llamarla de alguna manera) más difundida y, así me parece, no sin razón.
Autor: R. Piglia
Título: Respiración artificial
Impresión: 8,1
La novela es la primera obra extensa del autor argentino y se trata de un auténtico pastiche, pero de un pastiche magníficamente construido, edificado con el andamiaje de la mejor tradición de la literatura argentina y de la literatura europea de las primeras décadas del siglo XX. Se publicó en 1980 y quizás sea la primera gran obra literaria que superó los límites impuestos por los monstruos de las décadas anteriores: Sábato, Cortázar, Puig o Borges, a quien homenajea y parodia en busca de una arquitectura propia que englobe las formas populares y las más intelectuales vanguardistas o experimentales.
Escrita en dos partes, en la primera se nos muestra la disección de lo que podríamos llamar “argentinidad”, es decir, de la esencia política y cultural de un país cuyos cimientos sociohistóricos son menos sólidos, más movedizos y terrenales de lo que aparenta. Mediante la relación epistolar entre Marcelo Maggi y su sobrino, el joven escritor Emilio Renzi, la obra se remonta al exilio de un antepasado de Maggi, a mediados del siglo XIX. En la segunda parte Piglia elabora un ensayo literario novelado en el que, a partir de las bases literarias argentinas modernas, de Roberto Arlt o de Macedonio Fernández, se esboza una descabellada –pero interesante y bien apuntalada- teoría literaria en la que Descartes, Kafka o Hitler formarían parte de una misma cadena intelectual. Todo ello se espolvorea con menciones poco estructuradas pero sugerentes a Faulkner, a Walter Benjamin (novela hecha a base de citas), a Ortega y Gasset (el rey de los asnos españoles), a Wittgenstein, a Gombrowicz y, cómo no, al inevitable Borges.
Si la primera parte era un relato negro lleno de subrelatos, de imágenes parciales de personajes decadentes y fatalistas (al estilo de Faulkner o de Onetti), en la segunda parte Piglia despliega toda su erudición imaginativa para adentrarnos en un marco metaliterario desopilante, extravagante y excéntrico, pero adictivo y muy atrayente. Nos encontramos, en definitiva, con una novela que tres décadas después sigue conservando sin fisuras ese difícil equilibrio entre tradición y modernidad, entre oralidad y vanguardismo que tanto ha atraído a millones de lectores. – (Julio 2011)
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