No sé si es muy sano esto de acotar los tiempos en períodos regulares cerrados: semanas, meses, años o décadas, no son más que construcciones para comparar, medir, rechazar o ensalzar. Pero en fin, como diría un economista, en estos tiempos tasados, lo bueno que tiene cerrar e iniciar un año (o un ejercicio, término impropio al que seguro haría referencia) es que el cuentakilómetros del déficit se pone a cero, con la fascinación de liviandad, limpieza y ligereza que eso supone, aunque arrastremos la deuda acumulada.
Solo un tópico más sobre las capitulaciones y recapitulaciones anuales. No sé cómo ha sido 2011, pero repasando mis lecturas, al menos desde esta óptica solo puedo calificarlo como fructífero. Junto a algunas magníficas relecturas (Tolstoi, Conrad o Buzzati), también he descubierto a autores que realmente merecen la pena, clásicos como Stuparich o contemporáneos como Askildsen o Magrinya. Es cierto que también he acudido a escritores con los que el acierto está asegurado: Philip Roth, Amos Oz, Kadaré, Ishiguro o Coetzee, pero tampoco he errado con Lobo Antúnes, Chirves o Atwood.
Volviendo a las listas (empiezo a resultar algo pesadito), pego a continuación lo mejor que he leído durante 2011. A mi juicio, todas las publicaciones son muy recomendables, pues las que no lo son han quedado excluidas. De hecho, la mayoría de ellas no creo que sean siquiera cuestionables. El orden es, como siempre, absolutamente personal. A algunos de ellos ya me he referido en entradas anteriores y los demás también irán llegando. Los volúmenes son:
Faulkner, W. - El ruido y la furia
Nabokov, V. - Lolita
Tolstoi, L. - La muerte de Ivan Ilich
Buzzati, D. - El desierto de los tártaros
Roth, P. - La mancha humana
Oz,, A. - Una historia de amor y oscuridad
Stuparich, G. - La isla
Ishiguro, K. - Los restos del día
Franzen, J. - Las correcciones
Conrad, J. - El corazón de las tinieblas
Coetzee, J. M. - Esperando a los bárbaros
Lobo Antunes, A. - Manual de inquisidores
Kadaré, I. - El palacio de los sueños
Bufalino, G. - Perorata del apestado
Aub, M. - Campo cerrado
Sánchez Ferlosio, R. - Vendrán más años malos y nos harán más ciegos
Piglia, R. - Respiración artificial
Cercas, J. - Anatomía de un instante
Askildsen, K. - Un vasto y desierto paisaje
Dinesen, I. - Cuentos de invierno
Le Clezio, J. M. G. - El africano
Ishiguro, K. - Nocturnos
Lispector, C. - La pasión según G. H.
Frisch, M. - No soy Stiller
Chirbes, R. - Crematorio
Munro, A. - Secretos a voces
Zúñiga, J. E. - Capital de la gloria
Soseki, N. - Kokoro
Eco, U: - El cementerio de Praga
Barnes, J. - Arthur & George
Atwood, M. - El asesino ciego
Lahiri, J. - Tierra desacostumbrada
Magrinya, - L Habitación doble
Mcewan, I. - Solar
Landero, L. - Retrato de un hombre inmaduro
Barnes, J. - Inglaterra, Inglaterra
Palma, F. J. - Las interioridades
Vásquez, J. G. - El ruido de las cosas al caer
Chabon, M. - El sindicato de policía yiddish
Barba, A. - La recta intención
Y ya que acabo de leer un libro de narrativa japonesa, les dejo con el renacido Soseki, tan recomendable como el resto de la lista.
Autor: N. Soseki
Título: Kokoro
Impresión: 7,6
La obra pertenece a una trilogía de un Soseki ya maduro, publicada en 1914, época en la que en Europa se dieron a conocer algunas de las grandes novelas del siglo XX. Sin embargo, para un lector occidental, uno de los atractivos de la buena narrativa japonesa estriba justamente en las diferencias respecto a nuestra literatura. La extensa introducción de Carlos Rubio (Gredos, 2009) no hace más que enriquecer el texto, al menos para los no iniciados en la cultura japonesa. Rubio nos dice que Soseki culmina una tradición que en las últimas décadas del siglo XIX se abrió a la tecnología y a la cultura europea, siendo tal vez el mejor exponente de esta occidentalización, sin que, no obstante, renuncie a buena parte de la tradición oriental. La trama tiene forma de tríptico, narrado en sus dos primeras partes por un joven estudiante, como si de una novela de aprendizaje se tratase. En ellas se nos cuenta su relación con Sensei, un maestro (entendido al modo japonés, como reverencia de la sabiduría, de la edad y de la experiencia). La tercera parte está compuesta por una larga carta escrita por el maestro quien, a modo de desenlace, detalla algunos acontecimientos de su juventud que determinaron y limitaron sus posibilidades vitales posteriores. El argumento podría acercarse a los libretos románticos del montón, pero el tratamiento es original, pues el necesario individualismo del panfleto romántico europeo suena aquí con una cadencia diferente, ya que en Japón era un hecho culturalmente novedoso, acostumbrados a los estructuralismos de raíz budista o sintoísta. Y es éste, sin duda, su principal atractivo para el turista literario; pues la perspectiva individual se despoja de toda la innecesaria hojarasca para ofrecernos una narración limpia, acompasada a un ritmo melancólico y pausado, más pendiente del tono que de las peripecias argumentales, las cuales, repito, apenas tienen interés. De esta forma, lo más valioso del volumen es la atmósfera creada, la tensión ambiental que enmarca a los dos protagonistas, ambiente elaborado con un lenguaje sin trampas, sencillo y transparente. – (Abril 2011)
No hay comentarios:
Publicar un comentario