jueves, 8 de diciembre de 2011

Papeles adolescentes

Hoy me disponía a retomar a Franzen, pero se me ocurría que la literatura norteamericana está ampliamente representada en el blog, tal vez en exceso. Como contrapunto selecciono dos volúmenes de narrativa japonesa, pero algo me retiene; tal vez sea que sus colores no son acordes con los abarrotados estantes navideños. ¿Algún clásico: Conrad, Flaubert, Chateaubriand, Maupassant, Turgueniev, Gogol…? ¿Y un olvidado cuento de Medardo Fraile, de Chávez Nogales o de Juan José Arreola? ¿O por qué no acercarme al precipicio mareante del pos-pos-posmodernismo? Pues no sé, pero como le ocurre al inquieto adolescente que todo lo niega, en busca de referencias tan movedizas como sus hormonas, simplemente no me apetece.
Ah, claro, si de adolescentes hablamos, puedo recurrir a frases hechas, a aforismos deformados que en algún momento me llamaron la atención. Sí, de esos tengo muchos; de hecho los colecciono, aprendiz de poeta adolescente; creo que alcanzaría incluso para unos cuantos meses de blog, pero tanto acné será demasiado.

Como lucecitas navideñas, o como pelotitas, o como regalitos, o como figuritas, o como sea lo que ustedes cuelguen del árbol, aquí les dejo una muestra, en espera de que la próxima semana me encuentre más a gusto entre libros y comentarios. Por cierto, no los he elegido con ningún criterio; se ha colado incluso alguna cita procedente de cierto best seller tan adolescente como sonrojante. Eso sí, como juego adivinatorio, omito el autor y la obra. Otro día los rescataré, pero no es momento de engrosar los mensajes publicitarios adventistas.




• La primera prenda de un hombre de bien es el desprecio de la religión, que nos quiere temerosos de la cosa más natural del mundo, que es la muerte, aborrecedores de lo único bello que el destino nos ha dado, que es la vida, y aspirantes a un cielo donde de eterna beatitud viven sólo los planetas, que no gozan ni de premios ni de condenas, sino de su eterno movimiento, en brazos del vacío.


• Y que se puede emplear una vida no para combatir a un gigante sino para nombrar de demasiadas maneras a un enano.


• Los hombres hablan en imperativos, las mujeres sobre todo con oraciones interrogativas. Sólo el loco habla como quiere.


• Si yo fuese capaz de expresarlo todo con palabras, llenar los vacíos, añadir algo de luz y sombra, colorear las cosas, ella, sin duda, lograría hacerse una composición de lugar.


• Después de todo, la certeza de las matemáticas no se basa en la fiabilidad de la tinta y el papel.


• Pero si el hombre es en su estado original un ser asocial, destructivo y predador, cuando aspira a superar este estado, ¿se acerca a Dios, o se aleja de él?


• Lo bello es aquello que es inteligible sin reflexión.


• ¿Hay que elegir entre el oscurantismo o la corrupción? ¿Es inevitable esa elección?


• (…) y lo que no es contradicción es ironía.


• Quisiera adecuar mi vida a un reloj de arena, el más lento reloj de arena, la más lenta de las arenas y contar de tarde en tarde mis muertos y los ajenos. ¿Será posible?


• Los tontos, los perros y los poetas son los que mejor intuyen los transmundos, unos ventean a la luna, otros descuelgan la baba y los últimos riman inconsistencias que nadie atiende y a nadie importan.


• A una lengua la enriquece la experiencia del pueblo que la habla, su persistencia en la desgracia. La lengua es un misterio de sinónimos que provienen del tronco común de los infortunios padecidos, un espejo alfabético de las circunstancias aciagas de los hombres. La colección de signos de la catástrofe que se articulan en torno a un código configura un solo idioma: el de los miserables; ese que yo hablaba con pulcritud.


[Prostitutas castellanas] Les rezuma escarcha del frío que han de soportar. Mal oficio para tamañas tierras. Por la estepa de sus cuerpos surcan vientos de muerte y sus huesos se clavan en las almas de los que las usan lo mismo que si los tuvieran afilados de desolación.


• Por haber sacrificado a sus dioses el ser humano se creyó soberano de sí mismo y quiso construir su propio paraíso aquí en la tierra, pero no le salió más que un estercolero en el que muy a su gusto sigue hozando sin querer asumir la verdadera causa de sus contradicciones.


• El mundo, salta a la vista, está plagado de contradicciones y es en ellas donde se aprecia la necesidad de un orden preestablecido que las justifique y armonice. La riqueza, la pobreza, el amor, el sufrimiento no son más que circunstancias de ese todo feroz que nos engulle y determina, y sin voluntad para elegir no puede haber tampoco culpa que expiar. A diferencia de las bestias, la única grandeza que le queda reservada al ser humano es la de poder constatar la dimensión de su propia catástrofe, lo demás no es más que engaño, humo adormidero que aletarga el conocimiento.


• No sabría hablar de ti sin hablar contigo, hermano. Me cuesta mucho desenredar tu voz de la mía, y solamente lo consigo a ratos, cuando tu verbo golpea imprevisible y airado, se impone veraz y urgente, testimonial y único, por ser la resonancia cabal de un tiempo que ya para siempre será un refugio imaginario para los dos.


• Quizá todo no era más que una inmensa sucesión de errores; y el principal de todos era que el tiempo de buscar tesoros no resistía la lucidez del tiempo adulto y razonable.


• (…) he imaginado situaciones y lugares, como fotografías sueltas o como esos fotogramas de películas que ponían antes, armados en grandes carteleras, a las entradas de los cines. En cada uno de ellos había una sugestión muy fuerte de algo, pero desconocíamos el argumento y los fotogramas nunca eran consecutivos, y eso hacía que las imágenes fragmentarias fueran más poderosas, libres del peso y de las convenciones vulgares de una trama, reducidas a fogonazos, a revelaciones en presente, sin antes ni después. Cuando no tenía dinero para entrar al cine me pasaba las horas muertas mirando uno tras otro los fotogramas sueltos de la película, y no me hacía falta suponer o inventar una historia que los unificara a todos y los hiciera encajar como un rompecabezas. Cada uno cobraba una valiosa cualidad de misterio, se yuxtaponía sin orden a los otros, se iluminaban entre sí en conexiones plurales e instantáneas, que yo podía deshacer o modificar a mi antojo, y en las que ninguna imagen anulaba a las otras o alcanzaba una primacía segura sobre ellas, o perdía en beneficio del conjunto su singularidad irreductible.


• Parte de nuestra amistad estaba hecha seguramente de esa materia abotargada y triste, y no nos costaba nada compartir el sentimiento de una confortable capitulación y el sarcasmo forzado con que cada uno de los dos miraba la mediocridad emocional de su vida y el deterioro lento de sus ambiciones. Cada uno veía en el otro espejo de su propia insuficiencia. Nos unía lo que no éramos más que lo que éramos, lo que ninguno de los dos nos atrevíamos a ser.


• (...) al pretender por primera vez apropiarse del cuerpo y del alma del otro, sacándole del mundo para poseerlo en exclusiva. Esto y sólo esto es el sentido del amor y de la amistad.


• La música tiene el poder de crear el universo o de destruir la civilización. Si no me cree, lea la Biblia.


• Y ellos no tienen el menor recuerdo de que, en realidad, hubo un tiempo en el que uno se remendaba los calcetines. Un tiempo en el que no se usaban y tiraban ni los calcetines ni las personas.


• Aquellas horas dictadas por la arena no acompasaban nuestras vidas. ¿Cómo creer en el tiempo sin el tictac de los relojes?


• La idea de que una noche pudiera sobrevenir el caos parecía aterrarle. ¿Acaso se sabe lo que puede suceder? Se detiene un péndulo, enmudece un carillón, y la noche se apodera de nuestras vidas. ¿Qué cabe esperar si la sombra de las horas abandona la piedra?


• Quien atraviesa de noche una ciudad que conoce poco sabe que se agotará en vano buscando las perspectivas.


• Toda novela es eso, desesperación, intento frustrado de que el pasado no sea cosa definitivamente perdida. Lo que no se ha acabado aún de averiguar es si es la novela la que impide al hombre olvidarse, o si es la imposibilidad del olvido lo que lleva a escribir novelas.


• Por la noche, en este espacio entre casas bajas, se juntan los tres fantasmas, el de lo que fue, el de lo que estuvo a punto de ser, el de lo que podría haber sido, no hablan, se miran como se miran los ciegos, y callan.


• Raimundo Silva mira la rosa, no son sólo las personas quienes no saben para qué nacen.


• Nadie debería dar menos de lo que ya dio una vez, no se dan rosas hoy para dar un desierto mañana.


• (...) un hombre que se había dado cuenta de que la distinción entre el no y el sí es el resultado de una operación mental que sólo tiene como objetivo la supervivencia, Es una buena razón, Es una razón egoísta, Y socialmente útil, Sin duda, aunque todo dependa de quiénes fueran los dueños del sí o del no, Nos orientamos por normas generadas según consensos y dominios, es evidente que variando el dominio varía el consenso, No dejas salida, Porque no hay salida, vivimos en un cuarto cerrado y pintamos el mundo y el universo en sus paredes.


• Ningún día consigue ser víspera durante todo el tiempo que soñaba.


• Nevaba sobre el desencanto. Mucha gente no había conocido tiempos mejores y creían que la vejez era el estado natural de las cosas.


• No se ama a nadie a causa de, se ama pese a.


• Supongo que somos demasiado viejos para esa forma de inocencia que es el amor y demasiado lúcidos para impostarlo como es debido.


• No te hagas demasiadas ilusiones con semejante planteamiento, quizá se pueda escribir una bonita novela, pero no se puede apuntalar la propia vida. Ya no. No perdamos el tiempo en tonterías: ¿qué sentido tiene discutir sobre los distintos matices del amor cuando lo que todo el mundo quiere es un amor sin matices en cinemascope y tecnicolor?


• (...) pero lo que a mí me pesa en la conciencia no son mis mentiras sino mis verdades.


• Tornaron a verse, y aunque el amor que alguna vez los había unido había muerto, se conmovieron los dos y dejaron brotar el manantial de sus ternuras patéticas, que suponían reseco, ante el espectáculo que el uno al otro se ofrecían y que certificaba, bajo sendas máscaras convencionales, sus respectivas derrotas.


• Solitarios los otros; yo, de la mano de mis mejores errores. He amado mis caídas como a pequeños niños desvalidos, tanto que fui capaz de entronizarlas, para sostener la ficción de la vida.


• El saber tiene a veces una supuesta inocuidad, un paralelismo respecto de la vida que lo hace falsamente neutral. Creer que se sabe lo que se desea y que lo deseado sea poco más o menos alcanzable, ¡qué distracción de la necesidad! ¡Qué trampa para aparentar una felicidad dosificada!


• Si callan los imperios, quedarían los slogans. Pero siempre la victoria quedaría lejos.


• La medida propia del dolor no es menos mensurable que la ajena. La conmiseración –sincera- que algunos nos despiertan no nos funde en el otro, no nos hermana. Nuestro dolor omnipotente afirma el egoísmo. Se nos imponen normas. Pecar es una.


• En las cosas, tras ellas, un sentido posible se enarbola y las convierte realmente en lo que son. Podemos recorrerlas incesantemente creyendo conocerlas. El aprendizaje se hace costumbre, no descubrimiento, y deja de servir. Ya no sabemos como hombres, sino como manuales, prolijos en la retención, rápidos en la devolución. La ciencia es el dato, la naturaleza la fórmula, la poesía el metro; ¿cuál es mi símbolo? ¿Es acaso otro que el de mi época, obesa y a la vez mal alimentada?


• El modo de mirar traza el camino; el fervor por la distancia hace al caballero y el gusto por la tiniebla al mendigo.


• (...) y ella desconfiaba de las promesas, porque el que promete ya está mintiendo; sólo dan algo quienes no dicen nada por adelantado.


[Sobre Kafka] Ciertamente todos nosotros somos, en apariencia al menos, capaces de vivir porque alguna vez nos hemos refugiado en la mentira, o hemos estado ciegos, o entusiasmados, u optimistas, o muy convencidos de algo, o pesimistas, o lo que sea. Pero él jamás ha recurrido a un asilo protector, nunca.


• Querer la muerte pero no el dolor es mala señal, porque de no ser así nos atreveríamos a morir.


• Indefinido, indeterminado, imperfecto, inmaduro. Únicamente lo que me niega me define.


• El mundo necesita pocos genios; la civilización la sostienen y la extienden esas almas inferiores que sitúan en su ámbito a los hombres grandes, los sujetan con explicaciones, notas a pie de página y ediciones anotadas, explican lo que querían decir y lo que ignoraban y muestran cuál es su verdadero lugar en el tremendo avance de la humanidad.


• Brindo por todos los demonios, por las lujurias, pasiones, avaricias, envidias, amores, odios, extraños deseos, enemigos reales e irreales, por el ejército de recuerdos contra el que lucho: que nunca me den descanso.


• Y de hecho, ese extraño impulso que tenía de pequeño, el deseo de darle una segunda oportunidad a lo que no tenía ni tendría nunca una segunda oportunidad, es uno de los motores que mueven aún hoy mi mano cada vez que me pongo a escribir una historia.


• Qué quiere el mal lector, el lector perezoso, sociológico, cotilla y mirón. En el peor de los casos, provistos de esposas de plástico, se acercan a mí para arrebatarme el mensaje vivo o muerto. Quieren la última palabra, el qué quería decir el poeta, quieren arrebatarme, que les ponga las manos, con mis palabras, el mensaje subversivo, la lección moral, los bienes inmuebles políticos, la ideología. En lugar de una novela, sea tan amable de darles algo un poco más concreto, algo con los pies en la tierra, algo tangible, algo como que la ocupación corrompe, el reloj de arena de las diferencias sociales tictaquea, el amor triunfa, las clases dirigentes son corruptas o las minorías están discriminadas. En resumen, deles metidas en bolsas de plástico de cadáveres, las vacas sagradas que degolló usted para ellos en su último libro, gracias. Y a veces renuncian también a las ideas y a las vacas sagradas, y están dispuestos a conformarse con lo que hay detrás del relato. Quieren los chismorreos, quieren husmear, que se les diga lo que realmente te ha pasado en la vida y no lo que después has escrito sobre ello en tus libros, que se les revele de una vez, sin eufemismos ni chorradas así, quién realmente lo hizo y cómo y cuántas veces. Eso es todo lo que quieren y con eso se quedan satisfechos.


• Aquel que busca el corazón del relato en el espacio que está entre la obra y quien la ha escrito se equivoca. Conviene buscar no en el terreno que está entre lo escrito y el escritor, sino en el que está entre lo escrito y el lector. (…) El encanto del chismorreo está tan lejos del encanto de un buen libro como un refresco con colorantes del agua fresca y del loado vino.


• El que quiera mandar guarde al menos un último respeto hacia el que ha de obedecerle, absténgase de darle explicaciones.


• La vida es un claudicante encubrimiento, la convivencia un ingenuo o indigno disimulo, la compañía un desesperado sucedáneo, sabéis muy bien de qué.


• Moral, moral, la única que querría uno ya tener a estas alturas es la del Alcoyano.


• Tolerancia no, como si cualquier credo fuese bueno dentro de sí mismo, sino todo lo más indulgencia, porque lo que sí es seguro, cuando menos, es que todos son malos fuera de sí mismos.


[Sobre la música:] Vas demasiado aprisa, demasiado segura, demasiado alegre para que yo te entienda


• Ser indulgente con los malos es algo que el corazón aprende fácilmente desde niño, es saber ser indulgente con la soportable, y aún a menudo cruel arrogancia y petulancia de los virtuosos, lo que el corazón suele aprender solo tarde y con esfuerzo, y en ocasiones nunca.


• Pero de la misma manera que el logos, el lenguaje que somos, puede atrofiarse y convertirse en un monótono círculo de estructuras autorreferentes, incapaces ya de entender más cosas que el grumo impenetrable de su fabricada ideología, la philía puede también diluirse en el inconcreto paisaje donde un miserable entorno utilitario nos acosa y acapara.


• Lo que está bien contado es verdad y lo que está mal contado es mentira; no hay más regla que esa.




 

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