Ejemplos de artefactos literarios que son, por encima de todo, instrumentos reivindicativos o de denuncia, los tenemos por doquier y, ciertamente, el divorcio entre ética y estética es tan artificioso como irreal, a pesar de que en las emponzoñadas tierras pantanosas surgidas al dividirse de manera espuria ambas corrientes, la ética y la estética, vienen construyéndose buena parte de las manifestaciones artísticas –también literarias- posmodernas. De ahí al pastiche o al frívolo monumento kitsch, el trecho se acorta por momentos.
Que la literatura puede ser también política, o ideológica, o crítica social, o vehículo de denuncia, sin perder por ello un ápice de su dimensión artística, es un hecho probado. El problema viene cuando se instrumentaliza, cuando pasa a ser un contenedor de banderas y slogans, por fascinantes que estos sean. Y es que ya lo decía Nabokov: la literatura es eso, literatura, y escapar de la tautología es convertirla en otra cosa, en argumentario, panfleto, catecismo o grito de desesperación.
Podemos hablar de hermosos panfletos literarios, como La madre (de Gorki), La consagración de la primavera de Carpentier, buena parte de la obra de Herta Müller o algunos de los numerosos testimonios que, en forma de ficción se empeña en mostrarnos parte de la narrativa norteamericana actual, quizá la más lograda, sin olvidar otras literaturas menos transitadas procedentes de culturas más alejadas, como la obra de Gao Xingian; pero no es lo habitual.
Otra cosa es la vigencia de la denuncia, tal vez más necesaria hoy que nunca, pero por incisivo, acertado o demoledor que sea un discurso no tiene por qué identificarse con la manifestación artística. He aquí cuatro ejemplos diferentes, tanto por su resultado literario como por la bandera que se enarbola.
Autor: G. Xingian
Título: El libro de un hombre solo
Impresión: 7,2
En esta amarga y durísima historia autobiográfica, un famoso escritor exiliado y ya maduro, el propio Xingian, cuenta sus atroces y obsesivas experiencias juveniles en la China de la revolución cultural, desde el vacío, el escepticismo y el amargo desencanto que supone la falta de banderas y la ausencia de cualquier asidero ideológico que te deja en el alma el incendio interior y la destrucción vital de una revolución que llegó a destripar y a corromper hasta lo más íntimo y esencial del individuo. Quizás no sea ésta la mejor obra para acercarse al autor, puesto que es básicamente autobiográfica (como, por otra parte, también ocurre con su novela más difundida, La montaña del alma). Su interés radica en la denuncia que supone la minuciosa descripción del aislamiento y la locura llevada hasta el extremo en China en las décadas de los setenta y ochenta, consiguiendo trasladar al lector una atmósfera inimaginable en Occidente, al menos con los mismos medios. Xingian reivindica una lectura de su obra en clave universal y despolitizada, acudiendo a su vertiente estética, más allá del argumento autobiográfico y de las particularidades de la opresión política en China. Algo parecido dijo la Academia Sueca al premiarlo con el Nobel en el año 2000 (de hecho fue este el primer galardón al idioma chino), pero esta manera de leerlo no me ha parecido posible, pues como les ocurre a muchos de los escritores de su país no pueden entenderse desde una perspectiva universal, al menos en lo que atañe a un lector occidental que transite por la árida y metódica desesperación de sus páginas. - (Junio 2006)
Título: El curioso incidente del perro a media noche
Impresión: 6,5
Christopher es un adolescente de los clasificados en psiquiatría en el grupo inteligente del amplio espectro autista. El chaval descubre al perro de su vecina que ha sido asesinado y decide investigar el caso. La investigación, realizada con la planificación deductiva lineal que sólo un niño de estas características puede seguir sin torcerse, le llevará a resolver otros enigmas que ni siquiera había imaginado y que, por tanto, lo desconciertan, lo bloquean y le hacen perder por momentos el delicado hilo de sociabilidad que lo conecta con nuestra realidad. Si el argumento ya tiene cierto interés por sí mismo, el verdadero encanto de la obra se encuentra en la fuerte crítica social desenmascarada por una mente que funciona con ritmo y secuencias diferentes. Y, frente a lo que podría esperarse, el relato no cae en las tentaciones sensibleras o plañideras al uso. El autor, buen conocedor de este tipo de problemas y de sus estigmas, exprime los comportamientos sin importarle las consecuencias. Sólo al final cae en su propia trampa y nos lleva a un cierto “happy end” que desmerece algo lo conseguido hasta entonces y que desenfoca una visión sobre la discapacidad certera hasta ese momento. Un segundo problema proviene del virtuosismo realista que busca el autor: el libro está narrado por el protagonista en primera persona, por lo que su sintaxis es necesariamente repetitiva, plagada de frases explicativas que son producto del determinismo causal que caracteriza la mente del protagonista cuando no se colapsa tratando de conectar nociones y vivencias emocionales que distorsionan y rompen la necesaria linealidad. En este sentido, como contrapartida o reverso de la previsible y machacona causalidad del razonamiento lógico, resulta del todo interesante y conmovedor el choque frontal y la ruptura diferencial entre los mecanismos emocionales del chico y los de su familia o su entorno. – (Enero 2009)
Autor: K. Hosseini
Título: Mil soles espléndidos
Impresión: 6,0
Obsesionado con difundir los efectos del drama que vive su país desde hace más de tres décadas, en su segunda novela Hosseini sigue empeñado en mostrar al anestesiado mundo occidental todo un abanico de crueldades, aberraciones y obscenidades cotidianas que constituyen el pan afgano de cada día. En esta ocasión centra su denuncia en la condición femenina, condición que ha ido absorbiendo sin siquiera alzar la vista las más increíbles abominaciones que las doctrinas religiosas (con la aquiescencia de los países ricos) han sido capaces de pergeñar. Antes de la invasión soviética una niña bastarda es dada en matrimonio a un zapatero mucho mayor que ella y que concibe a la mujer sólo como una parte material del honor masculino. Años después, con el edificante escenario de fondo de la dramática disputa de Kabul entre las distintas facciones muyahidines, la falta de descendencia del matrimonio junto a la crueldad extrema que vive la ciudad hacen que el zapatero tome una segunda esposa, otra niña a la que la guerra ha arrojado y arrumbado bajo los escombros. La relación solidaria entre ambas mujeres será el único remanso en una historia en la que Hosseini no edulcora ni escatima estampas vejatorias para dar relieve a una denuncia que de otra forma pasaría inadvertida, como tantas otras. Sin embargo, con el fin de acentuar la eficacia de la situación denunciada en el lector occidental, el autor no duda en utilizar ópticas melodramáticas que estimulen nuestras glándulas lacrimógenas. Sin poner ni un solo pero al objetivo pedagógico –más bien al contrario-, los efectos en la construcción literaria de entornos y personajes sí se ven afectados y empobrecidos, puesto que el monolitismo de la perspectiva desde la que se va construyendo la novela, trunca otras líneas argumentales paralelas que podrían haber enriquecido el relato en mayor medida. – (Noviembre 2009)
Autor: J. M. Mendiluce
Título: La sonrisa de Ariadna
Impresión: 4,7
Tras regresar a Costa Rica después de trabajar unos años para la ONU, una joven española descubre que el hombre al que amaba, motor último de su regreso, ha sido asesinado en circunstancias poco claras. Decide quedarse y rehacer su vida, abanderando los movimientos ecologistas que pretenden salvaguardar los paraísos naturales atlánticos costarricenses. Mendiluce, con sobrados conocimientos y experiencia en ACNUR, en organizaciones no gubernamentales y empeñado hasta las cejas en el asociacionismo ecologista, elabora un panfleto reivindicativo que no por bien intencionado y honesto deja de ser justamente eso, un panfleto. Detrás de los acontecimientos novelados, faltos de tensión narrativa, fluye todo un discurso que de manera premeditada pretende concienciar al lector sobre la hostilidad de la civilización contra el entorno natural, discurso éste que en otro formato, de reportaje o de ensayo, habría adquirido todo su valor, puesto que algunos de los elementos introducidos (como el sincero debate entre desarrollismo y conservacionismo) alcanzarían toda su fuerza, pero que, desarrollados en clave de ficción no van más allá de estructuras simplonas y previsibles, con los costurones al descubierto. - (Junio 2008)
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