Antes de aparcar el blog por algún tiempo (el tiempo de ocio vacacional que todavía no nos ha hurtado la reforma laboral) dejaré aquí todo un clásico, pero un clásico de chiringuito, como no podía ser de otra forma, aunque del chiringuito más confortable y recomendable.
Me ha venido a la memoria porque acabo de leer el último volumen de divulgación publicado por Stephen Hawking, El gran diseño, esta vez en colaboración con Leonard Mlodinov, quien debe ser algo así como un consejero-exprimidor comercial que remoza y viste con nuevas galas textos que ya habían visto la luz con más seriedad y menos afán provocador. Quien se haya acercado a sus historias del tiempo puede prescindir perfectamente de esta lectura, a no ser que quiera encontrar algunas afirmaciones metafísicas innecesarias y gratuitas, introducidas solo con un afán provocador que se explican exclusivamente como autobombo publicitario.
El caso es que muchos de los ejemplos que se nos muestran para facilitar al lego la comprensión de las teorías físicas que tratan de unificar los modelos relativistas y cuánticos, me recordaban algunos de los cuentos de Borges, entre otros, el que traía al blog hace pocas semanas, El jardín de senderos que se bifurcan, en el que las cuatro dimensiones clásicas jugaban para crear infinitos mundos posibles tan (o tan poco) reales como el nuestro.
Pues bien, todo este rollo no viene a cuento para casi nada, pero me ha recordado que hace demasiado ¿tiempo? que no escogía ninguna obra de ciencia ficción y, sin mucho buscar, elijo una publicación de Dan Simmons, tal vez la más conocida. Se trata de Hyperion, con la que se inicia la saga del mismo nombre y que se sale de la c. f. clásica para introducir elementos de los géneros fantástico, de aventuras y de terror. Y la elijo simplemente porque, a pesar de su tamaño, al menos yo, disfruté como un enano. En fin, una lectura de verano más que adecuada para el que no tuerza el gesto con las etiquetas de género.
Autor: D. Simmons
Título: Hyperion
Impresión: 7,2
Es ésta la primera entrega de la tetralogía que Simmons englobó en Los cantos de Hyperion. A diferencia del resto de la saga, aquí el autor copia la estructura de los Cuentos de Canterbury para narrar seis relatos contados por el último grupo de peregrinos a Hyperion, planeta del extrarradio de la sociedad humana galáctica en el que se han producido trágicos hechos de origen desconocido, pero relacionados con el Alcaudón, cruel divinidad mítica que reside en las llamadas Tumbas de Tiempo (que recuerdan lejanamente al Valle egipcio de los Reyes). Cada uno de los peregrinos ha sido elegido para tratar de contrarrestar una parte del poder del Alcaudón. A fin de que los demás conozcan las razones de tal elección, uno a uno irá narrando su historia personal, que de una u otra manera se relaciona con el planeta y con ese indefinido demiurgo. La construcción de la novela es muy elaborada, puesto que cada cuento se basa en temáticas diferentes que aluden a subgéneros igualmente distintos. Pero además, el estilo de cada relato también varía en función del peregrino que lo despliega. En ellos se percibe la maestría de Simmons a la hora de moverse entre la ciencia ficción, la fantasía épica y el terror. De la misma forma que homenajea a la literatura clásica inglesa remedando la estructura de los cuentos de Canterbury, tanto los nombres de algunos personajes como varias líneas argumentales secundarias son testimonio de gratitud a los poetas ingleses clásicos, especialmente al romántico John Keats, una de cuyas obras sirve para dar título a este libro. Claro está, en un volumen de estas dimensiones se producen muchos altibajos, pero en conjunto, se trata sin duda de la mejor saga de ficción escrita en la década de los noventa y, desde luego, no defraudará ni a los amantes del género de ficción ni a los devoradores de la fantasía más clásica. En el debe, como ocurre en muchas de las publicaciones canónicas de la c. f., encontramos algunas inconsistencias argumentales, como la indefinición semántica del propio Alcaudón; pero, en términos generales, la tentativa experimental con la que se inicia la saga es sólida y singular, algo alejada de lo que uno podría encontrar en la ciencia ficción más clásica y previsible. – (Enero 2010)
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