sábado, 28 de mayo de 2011

Contrastes primaverales

Mientras unos lamen sus heridas en la intimidad (pues aún no he oído hablar a uno solo de los socialistas vencidos y desarmados sobre posibles desatinos en cuanto a su rendición económica), otros como Telefónica, aprovechan el tirón y anuncian que sus beneficios son insuficientes, por lo que deben soltar lastre, es decir, desprenderse de más de ocho mil trabajadores. Por cierto, tampoco he visto a ninguno de los socialistas escaldados poner en cuestión iniciativas como esta. Ciertamente lo tienen merecido.

De algo estamos seguros: Los conservadores lo harán mejor, pues la adoración a los mercados y la propensión al despido la llevan en los genes, mientras que lo de los sociatas es un aire advenedizo, propio de la posmoderna gata Flora.

Por lo demás, la primavera nos trae, como cada año, ferias librescas precedidas de los premios literarios. La descafeinada feria madrileña tiene a Alemania como país invitado, a pesar de que ni Gunter Grass ni Herta Müller nos honren con su visita. Quizá deberían hacérselo mirar. En cuanto a los premios, dejando a un lado los de autobombo editorial, encontramos cierto conservadurismo en los más reputados. Si el de la crítica recaía hace unas semanas en el renacido Piglia, fuera de España nos enterábamos estos días de que el Franz Kafka se lo concedían a Philip Roth (también un novato) y el Booker internacional, sin mirar más allá de la lengua inglesa, se quedaba con otro desconocido, con John Banville, que ya obtuvo el Booker de lengua inglesa –el de toda la vida- hace unos años con El mar.

Y para que vean que ni siquiera estos premios (me refiero a los serios, a los de postín) aseguran la calidad de la lectura, traigo hoy dos Booker de la última década. Uno de ellos, el de Martel, no pasa de ser un relato juvenil, aunque barnizado con los restos de moralina de algún tratado de autoayuda. Esto es lo que ahora venden como regenerada fábula moderna, como si no tuviéramos bastante con la de Telefónica.



Autor: J. Banville
Título: El mar
Impresión: 8,7



Es ésta una de las novelas más laureadas de la primera década de este siglo tras darse a conocer con el Booker en 2005. No sé si es para tanto, pero sí es cierto que retoma y da nuevo vigor a planteamientos ya clásicos en los que un expresionismo minimalista, que se esconde tras la minuciosidad del detalle descriptivo, desemboca en flujos poco controlables que activan la memoria y hacen que nos instalemos en un pasado perpetuo, adecentado por un cúmulo de recuerdos que se ha desprendido de las innecesarias estridencias. Esta forma de ver el mundo, su mundo, ya la depuraron hace casi un siglo autores como Virginia Wolf, pero no con la tozudez expresiva ni con una lente tan lírica a la hora de auscultar la memoria. Tras morir su esposa Max Morden decide refugiarse en un caserón que se encuentra en el pequeño pueblo donde veraneaba de niño. Un segundo refugio será el recuerdo obsesivo de un verano trágico cuando él todavía era niño, refugio que se distorsiona y violenta con las inoportunas ráfagas de su vida en pareja que acuden sin ser convocadas, de sus silencios, de sus imperfecciones, del rastro de la enfermedad y de su alargada sombra:

«En esas interminables noches de octubre, echados el uno junto al otro en la oscuridad, estatuas derribadas de nosotros mismos, buscábamos escapar de un presente intolerable en el único tiempo verbal posible, el pasado».

Pero el recuerdo no sólo es refugio, también es intento de explicación, de comprensión de sucesos futuros, buscando una coherencia que la vida en pocas ocasiones enseña. Y, claro, el recuerdo también puede conducir a un absurdo desquiciado del que no es posible extraer ni una sola imagen limpia:

«(…) y de hecho no había pasado nada, una memorable nada, tan solo otro de esos grandes encogimientos de hombros con que el mundo manifiesta su indiferencia.»

La novela dista mucho de ser amable o complaciente, pero tampoco es redonda, tal vez incluso algo sobrevalorada. Sin embargo, lo que no es posible poner en cuestión es que, rechazando cualquier efectismo, en ella encontramos algunos de los pasajes más logrados y líricos de la narrativa de este siglo. Así, ya en las primeras páginas, todavía en frío, podemos leer unos cuantos párrafos absolutamente geniales. – (Abril 2010)



Autor: I. Martel
Título: Vida de Pi
Impresión: 5,8



Si el recuerdo más vívido al finalizar un libro es el ritmo trepidante de su acción (como ocurre en los más exitosos best Sellers) junto a su coqueteo amenazador con los manuales de autoayuda, por mucho premio Booker que lo adorne y distinga, pronto pasará a ese rincón de la memoria en el que quedan tantos títulos del montón, de esos cuya indeleble huella perdura apenas unos días. Piscine Monitor Patel (apodado PI) es un adolescente indio hijo del agnóstico dueño de un zoológico, al que atraen con fuerza y con la misma intensidad los credos musulmán, hindú y cristiano. La crisis política india de los años setenta hace que su familia decida emigrar a Canadá, embarcándose así en un viejo carguero junto a jaulas y animales salvajes, los cuales han sido vendidos en su mayor parte a zoológicos estadounidenses. El carguero naufraga en mitad del Pacífico y Pi será el único superviviente humano, eso sí, con la compañía de unos cuantos animales del zoo: un orangután, una hiena y un tigre de Bengala. Se despliega así toda una extravagante pero épica odisea desarrollada en un exiguo bote en el que Pi tendrá que sobrevivir durante más de doscientos días con una compañía no siempre grata, para lo que se verá obligado a poner en marcha todas las capacidades que activan los instintos de supervivencia. Ya digo que la novela es trepidante e imaginativa en ocasiones, con un final abierto que le otorgaría mayor solidez si no tuviera cierto tufillo a prédica dominical al estilo Coelho. En todo caso, entretendrá y divertirá a los amantes de la aventura, recordando en ocasiones al solitario Robinson o al tozudo pescador protagonista de El viejo y el mar, aunque en la novela de Hemingway la intención moralizante sea otra. – (Noviembre 2010)

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