Parece ser que una parte del llamado mundo árabe clama ahora con una sola voz reivindicando reformas democráticas y, claro, despotricando contra los tiranos que han empobrecido a la mayor parte de la población, en favor de unas cuantas familias privilegiadas. Los medios de comunicación no paran de decirnos que estamos viviendo un momento histórico, equiparable a la caída del muro de Berlín. Si así fuera esto, bien harían los reformadores árabes en fijar su atención en la evolución de algunos países del este europeo tras la euforia democrática inicial de los años noventa. Organizaciones mafiosas que campan a sus anchas, corrupción tutelada por las oligarquías políticas de turno, terrorismo de estado que ni siquiera se molesta en disimular sus tropelías y, en fin, un largo corolario de efectos colaterales que nos deberían hacer reflexionar cuando se nos vende la irresistible fuerza de la democracia, capaz de florecer –según se nos cuenta- en los desiertos más inhóspitos.
Los gobiernos occidentales, más que satisfechos hasta ahora con la estabilidad que proporcionaban a la zona los tiranos, miran a la cámara sin rubor y ensalzan la espontaneidad de una población que se desgañita en la calle denunciando las tropelías del dictador. Por cierto, que todavía no hemos visto a ninguno de estos próceres mirar a esa misma cámara para denunciar las matanzas en China o el régimen feudal saudí. Eso sí, en España pedimos a los independentistas vascos que justifiquen diez generaciones de limpieza de sangre mientras con la otra mano reforzamos nuestros lazos económicos con el gigante (y qué gigante) chino.
Sin tener que escarbar entre mis lecturas, de manera inmediata la memoria me acerca un par de novelas que no tienen relación directa con el mundo árabe ni con la mafia rusa, pero que sí nos recuerdan la herencia que estamos dejando a las generaciones más jóvenes.
El primero de los volúmenes nos traslada al siglo V y, como ya hiciera Gore Vidal en Juliano el apóstata, nos muestra dos maneras de entender el mundo. El segundo nos introduce en la insatisfacción nihilista de la moderna burguesía, mediante un ejercicio ficcional más que interesante.
Autor: H. S. Haasse
Título: Un gusto a almendras amargas
Impresión: 7,0
A principios del siglo V d.C., con el emperador Honorio en Occidente ya se ha consagrado la división imperial, mientras los romanos se muestran impotentes para retener a los godos en las puertas de Roma. El imperio se desmorona por momentos y el cristianismo es ahora religión oficial, exclusiva y excluyente, lo que se materializa en una legislación que se encarga de legitimar la tiranía de los nuevos tiempos y el destierro de cualquier rito o idolatría que pretenda reivindicar las divinidades clásicas.«Los bárbaros y la Iglesia están llevando a Roma a la Ruina. Acabaremos por convertirnos en bárbaros para desentendernos de las exigencias de la racionalidad y de la responsabilidad, y en cristianos para, a pesar de todo, poder creer en la salvación.»
Con este marco histórico, Adriano (prefecto imperial) y Marco (viejo conocido del prefecto y antiguo poeta del mentor del emperador) vuelven a encontrarse en un juicio donde el prefecto representa al nuevo orden, estrecho, dogmático y vacío, mientras que Marco, desheredado y hastiado, se refugia en un estoicismo que añora la amplitud de miras y la pluralidad ética y estética de un tiempo inevitablemente muerto. Ambos personajes son reflejo veraz de las dos realidades de un tiempo en el que el añorado pasado empieza a ser sustituido por un presente que predice oscuros y pacatos futuros; y la autora recrea sus desiguales relaciones con honestidad, realismo, y con una economía de medios que desecha aventuras y golpes de efecto para centrar la atención del lector en esa realidad moribunda de la cual sólo sobrevivirá el cristianismo. En resumen, nos encontramos aquí con una novela y con una escritora que dignifican el subgénero histórico y que en algunos pasajes recuerdan a obras inolvidables como “Juliano el apóstata” de Gore Vidal. – (Octubre 2009)
Autor: J. G. Ballard
Título: Milenio negro
Impresión: 7,1
Un psicólogo acomodado inicia la investigación del asesinato de su exesposa, muerta en un atentado con bomba en el aeropuerto de Heathrow, para lo cual se acerca a los grupos radicales londinenses que podrían estar relacionados. De forma paralela, desde una urbanización londinense se inicia el germen de una revolución callejera sustentada por la clase media, que ha perdido todos sus valores y que ahora sólo es capaz de apreciar los peligros que amenazan la base material que apuntala su estatus. Se trata de una revuelta infundada y nihilista, que inquieta a las autoridades justamente por eso, porque carece de motivaciones definidas.«Los dioses han muerto y desconfiamos de nuestros sueños. Salimos de la nada, la miramos un rato y luego volvemos a ella. Una joven cae muerta en el umbral, un crimen sin sentido, pero el mundo se detiene. Escuchamos y el universo no tiene nada que decir. Hay sólo silencio, así que tenemos que hablar. »
El autor recrea con inteligencia y tino el delicado e inestable entramado social de una gran ciudad que se ve infectada por un virus letal imposible, del que se desconoce su origen y su potencialidad destructora. Ballard vuelve a escenarios de la ciencia ficción actual, esa que podría ocurrir en este momento en una realidad distópica paralela, donde las hipótesis de partida son tan reales como la capacidad de absorción y de asfixia de un capitalismo que se nos ha colado hasta en los genes. Aunque bien concebida, quizás la obra sea excesivamente reiterativa con un planteamiento repetitivo que muestra de manera obsesiva situaciones y personajes enfermizos y radicalmente rupturistas. En todo caso, el relato poco tiene que ver con la ciencia ficción clásica, ni en su localización temporal ni en la temática tratada. – (Marzo 2009)
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