sábado, 20 de noviembre de 2010

Permanezcan en casa que arrecia el temporal

La semana pasada traté de plasmar mi malestar tras la lectura de las crónicas periodísticas sobre los dislates del G-20, pero –ahora me doy cuenta- me equivoqué con la lectura que acompañaba mi desahogo, pues el miedo que recreaba Isaac Rosa se adecua mejor a otra cumbre, esta vez más cercana en el espacio y en el tiempo, en la que casi los mismos protagonistas vuelven a organizar otra jarana carnavalesca, representando en esta ocasión un aquelarre que tiene por objeto amedrentar y ablandar al personal, disposición ésta más propicia para aflojar el bolsillo. Me refiero a la cumbre (pues esto de mantenerse permanentemente en la cumbre sí que les pone) que los escopeteros de la descafeinada OTAN celebran en Portugal.

Si el volumen que alude e invoca al miedo se corresponde mejor con la fiesta portuguesa, la lectura que más combina sus colores con el atuendo monocorde de la ostentación del G-20 es, claro, “Dinero”, del camaleónico Martin Amis.


Autor: M. Amis
Título: Dinero
Impresión: 8,0


“Dinero” es en primer lugar una provocación, una novela golfa, como las sesiones de cine porno a las que es aficionado el protagonista. Pero es también una novela sagaz, provocativa, inteligente y pícara; de las que se carcajean incluso del propio autor, que también aparece retratado en el relato con algún protagonismo, lo que es utilizado por Amis para verter ciertos comentarios metaliterarios que no tienen desperdicio.

« ¿Existe alguna filosofía moral de la ficción? Cuando creo un personaje y le hago pasar por ciertas horribles pruebas, ¿qué es lo que pretendo hacer, desde el punto de vista ético? El responsable soy yo. Es una cosa que a veces siento con gran intensidad.»

O justificando su estilo:

«No, no me presenta ningún problema. Me llegan algunas quejas, claro, pero estamos prácticamente todos de acuerdo en que el siglo XX es una época irónica, decadente. Incluso el realismo, el tratamiento más puramente realista, se considera como demasiado engolado en este siglo.»

El argumento es sencillo: Un realizador publicitario inglés es contratado para dirigir una película en Estados Unidos cuyo presupuesto es prácticamente ilimitado. Pero antes de iniciar el rodaje se dará cuenta de que en el mundo pervertido del dólar casi nada es lo que parece y que los tiburones financieros son nada más y nada menos que eso, tiburones. Desde esa perspectiva ácida, golfa y muy divertida, el autor nos hace desfilar ante todos los estereotipos del capitalismo más salvaje; y lo hace con un atinado e irreverente histrionismo hiperrealista que es de agradecer. En el debe, puede reprochársele a Amis el no haber exprimido lo suficiente la crítica de esa posmodernidad alocada y vacía que corre todo el día de aquí para allá, agresiva y estresada, sin saber por qué ni para qué.

«Las moscas tienen momentos de mareo y vértigo, y las abejas tienen problemas con el alcohol. Los petirrojos la palman víctimas de úlceras psicosomáticas y exceso de colesterol. En los callejones, los perros tosen hasta morir tratando de limpiar sus pulmones de porquerías y drogas. Las flores de gachas cabezas soportan lumbagos y calvicies prematuras por culpa del stress. Hasta los microbios, las esporas que flotan en las capas intermedias del aire, empiezan a encontrar que esta vida es excesivamente dura para su sistema nervioso.»

- (Marzo 2010)

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