Me refería el otro día, como no, al Nobel peruano y hoy, como desvaído remedo, haré una mención del Planeta, que aprovecha el tirón del Nobel para entregar también su goloso cheque en estas fechas; pues de calidad no andan sobrados pero a zafia ostentación no les gana nadie.
Eduardo Mendoza, del que recuerdo haber leído tres de sus novelas, me parece un buen ejemplo de escritor a premiar, pues para recordar alguno de sus méritos hay que remontarse casi tres décadas. El primero de esos méritos fue impulsar una narrativa de transición, aligerando la temática de la literatura de los sesenta y primeros setenta, dando la vuelta a espacios éticos y estéticos tradicionalmente sacrosantos e intocables. Eso no hizo que la literatura fuera mejor, pero sí contribuyó a aflojar algún que otro corsé. El segundo –y, que se me ocurra último- mérito es la creación de la Barcelona recreada en “La ciudad de los prodigios”, que debe ser, con diferencia, su creación más lograda.
Ahora premian una novela que cambia Barcelona por Madrid y que se instala en 1936, poco antes de iniciarse esa contienda tan socorrida. Para eso me quedo con el último ladrillo de Muñoz Molina, aunque no consiga cumplir con las expectativas generadas.
Traigo hoy una de las últimas publicaciones de Mendoza, como muestra de su aporte literario más bien escaso, aunque hay que decir que sí cumple de manera desenfadada con su crítica a la literatura de consumo. Tal vez por eso le han concedido el Planeta, para premiar su congruencia. Por cierto que hace poco leía una defensa que el autor catalán hacía del galardón, con el argumento de que a nadie obligaban a presentarse. ¿Se trataba de otra de sus ironías? Si no es así debe hacer que se lo miren…
Autor: E. Mendoza
Título: El asombroso viaje de Pomponio Flato
Impresión: 5,0
Un ciudadano romano viaja por el Imperio con el fin de encontrar un remedio que aflija sus males intestinales. Obligado a detenerse en Judea es contratado por un niño, Jesús, para que investigue el asesinato de un comerciante, del que culpan a su padre, un carpintero llamado José. Comienza así una novela delirante en la que irán apareciendo algunos de los personajes evangélicos. Mendoza utiliza este marco histórico -aderezado con pasajes de evangelios apócrifos, para construir una parodia de la novela histórica de consumo, ironizando con los mitos y descabalgando imposturas, con momentos ciertamente hilarantes. Pese a todo, el resultado no es más que un entretenido juego construido a base de metamorfosear situaciones, figuras históricas y cómicas representaciones. Como parodia literaria el volumen es entretenido, incluso divertido a veces, pero el ingenio es discutible y su aportación literaria insignificante. - (Octubre 2008)
No hay comentarios:
Publicar un comentario