Abro el blog y espero que me alcance alguna ocurrencia que sirva de introducción a alguna de las fichas librescas. Después de un cuarto de hora de remoloneo inútil sigo en blanco. La violencia de la vuelta al trabajo (y todavía alguien seguirá manteniendo que nos redime, realiza y ennoblece) sigue ofuscando las cuatro neuronas que todavía caminan sin muletas, ocupando todos los espacios personales, hasta los más recónditos.
Pero dejaré a un lado el virus calvinista para acercarme de nuevo a los libros. Como sigo sin ocurrencias que merezcan ser plasmadas pienso en los que todavía están de vacaciones, muchos de los cuales buscan lecturas de evasión, sin que ello suponga que halla que tragar cualquier cosa.
Ahora sí, se me ocurre una novela leída el pasado verano. Apenas se recordará dentro de unos años, pero, aunque algo pretenciosa, se trata de un volumen más que agradable. Como casi toda la literatura popular con ínfulas, es criticable desde algunos puntos de vista, pero me sorprendió la gran elaboración de su trama, es decir, la arquitectura con la que van apareciendo, desarrollándose y relacionándose las diferentes líneas argumentales. En fin, que se trata de una lectura más que digna para pasar una agradable tarde vacacional.
Pero dejaré a un lado el virus calvinista para acercarme de nuevo a los libros. Como sigo sin ocurrencias que merezcan ser plasmadas pienso en los que todavía están de vacaciones, muchos de los cuales buscan lecturas de evasión, sin que ello suponga que halla que tragar cualquier cosa.
Ahora sí, se me ocurre una novela leída el pasado verano. Apenas se recordará dentro de unos años, pero, aunque algo pretenciosa, se trata de un volumen más que agradable. Como casi toda la literatura popular con ínfulas, es criticable desde algunos puntos de vista, pero me sorprendió la gran elaboración de su trama, es decir, la arquitectura con la que van apareciendo, desarrollándose y relacionándose las diferentes líneas argumentales. En fin, que se trata de una lectura más que digna para pasar una agradable tarde vacacional.
Autor: L. LeanteTítulo: La luna roja
Impresión: 6,2
El traductor al español de Emin Kemal, un escritor turco ahora olvidado pero que llegó a ser candidato al Nóbel, vuelve a Alicante tras quince años de ausencia. Escritor fracasado, cincuentón y derrotado, ya no encuentra un sitio en la ciudad. Todo cambia con la muerte de Kemal, precedida de la premonitoria llamada telefónica de una desconocida. Se inicia así una novela que, aunque no es exactamente encasillable en el género negro, sí utiliza muchos de sus recursos, desvelando poco a poco, a modo de ingeniosas vueltas de tuerca, los orígenes del enigma, a través de la recreación paralela de las vidas de René (el traductor) y de Kemal. La novela también destila aromas metaliterarios, ya que mientras el protagonista va indagando en el enigma, decide escribirlo o lo deciden por él. No cabe duda de que Leante es un buen constructor de historias, puesto que aunque el argumento tiene cierta complejidad, lo dosifica y lo maneja con destreza, utilizando formas narrativas sencillas y cercanas. No obstante, a pesar del buen oficio y de la eficacia narrativa que destila el relato, la sensación resultante es de una vaga superficialidad: los personajes se moldean de forma nítida, pero algo rígida, sin poder negar su condición de novelescos. Además, el dubitativo comienzo y las casualidades argumentales no terminan de redondear una historia con visos de realidad. Por último, los ecos metaliterarios tampoco son sugerentes, porque son sólo unos pocos ladrillos más -indistinguibles del resto- del armazón argumental. En todo caso, no deja de ser una historia entretenida y bien construida. – (Septiembre 2009)
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