miércoles, 23 de junio de 2010

¿Y Tu Iberia?

Para esta semana tenía reservado un espacio al Bloomsday, al 16 de junio, fecha en la que transcurre el Ulises Joyceano. Pero se adelantó Saramago. Tiempo habrá para los dublineses, para el libro de verano y para zarandajas similares.

Pues sí, también Saramago descansa ya de todas las idioteces con las que desayunamos cada día: crisis financieras de nuevo cuño que sólo se cierran con las más viejas y manidas soluciones, con el incremento de la productividad mediante la reducción del coste de los factores productivos. ¿Y cuál es el factor más flexible y flexibilizable? Pues claro, el trabajador. Pero también recaen sobre él, sobre sus lomos, la reducción del gasto público, el aumento del IVA o la modificación del sistema de pensiones.

Descansa y olvida este pozo de miserias y de miserables, hecho de gente que se juega en bolsa o en el hipódromo el sueldo que ha dejado de pagar al trabajador despedido, y hecho también de paletos insolidarios que se agarran a terruños y banderines en lugar de reivindicar espacios abiertos como tu proyectada Iberia, aún siendo consciente incluso del desprecio hispano por la cultura lusa. ¿Qué españolito es capaz de recordar cinco escritores portugueses? ¡Cuidado, que Tabucchi no es portugués, aunque lo parezca!

Sobre la literatura de Saramago, me quedo con la plasticidad y la autenticidad de algunas de sus obras primerizas y menos laureadas; con el intimismo del “Manual de pintura y caligrafía” o con la historia portuguesa del siglo XX vista desde el campo meridional del Alentejo en “Alzado del suelo”, en la que Saramago pone en su sitio a los finales felices (en este caso la Revolución de los Claveles), para recordarnos que la relación de capital y trabajo no distingue entre dictadura y democracia, aunque ésta engañe y vista normalmente a la mona de seda.

Pero de todos ellos, si tengo que escoger algún volumen de su narrativa, me quedo con otro que tampoco es de los más vendidos, “Historia del cerco de Lisboa”, hermosísima narración de la pequeña historia, de la privada, de esa que se hace a base de soledad e incomunicación y que contrasta con la gran batalla medieval, con el cerco de Lisboa. No puedo desempolvarla aquí porque la leí hace más de diez años, cuando ni siquiera se me había ocurrido la idea del contenedor libresco, pero la recomiendo con fruición. Por eso me quedaré hoy con las miserias del campesinado que, como clase, no logrará alzarse ni un centímetro del suelo.

Creo que tienen menor interés algunas de sus novelas que acuden a planteamientos más transitados y previsibles, como las que tratan de poner al Dios cristiano en su sitio. En todo caso, como destacó la Academia Sueca al concederle en Nóbel, buena parte de su obra alberga la capacidad para «volver comprensible una realidad huidiza, con parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía».


Autor: J. Saramago
Título: Alzado del suelo
Impresión: 7,1

Quizás por ser una de sus primeras obras, muestra toda la crudeza, la ingenuidad y la ternura sin esperanza de una historia latifundista en el sur portugués, que abarca desde principios del siglo XX hasta la revolución de los claveles. En obras posteriores, más originales o elaboradas, Saramago nos ha regalado historias más redondas y con mayor valor literario; sin embargo aquí, ese naturalismo que mancha, huele y se suda, abonado con ingenuidad ideológica y con espontánea frescura, dibuja personajes y situaciones con algunas sombras, pero mucho más naturales y cercanas que las desplegadas en relatos más aireados. En esta novela ya se percibe todo el pesimismo del autor frente al poder político, ese pesimismo que dibujará en alegorías posteriores, el cual, aunque con diferentes disfraces, responde siempre y en todo lugar a los mismos ocultos y bastardos intereses. - (Mayo 2004)

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