En estas fechas de calores que empiezan a atenazar, de estrechas convalidaciones constitucionales, de nacionalistas raquíticos y acartonados y de tenebrosos salvapatrias en alcanfor, también la monarquía reivindica el sitio que debería haber perdido hace siglos.
Pues sí, vuelven a concederse los Príncipes de Asturias, barniz intelectualoide de una institución rancia y trasnochada. Entre ellos, -entre los premios- el de las letras se lo han concedido este año a Amin Maalouf, que sin ser ni un gran escritor ni un gran pensador, sí ha contribuido a difundir la tolerancia que encierra el litoral Mediterráneo y sus gentes. Y no creo que sea cosa menor esta labor de difusión y transmisión en una época en la que la globalización (enorme monstruo que esconde bajo su disfraz de modernidad al capital de siempre, ese que hace del planeta un basto y paleto mercadillo) destruye fronteras para abaratar costes mediante incautos inmigrantes atraídos por las nuevas imágenes de El Dorado del norte, hecho de espejismos y de cartón piedra.
Ya digo que Amin Maalouf, autor libanés que escribe en francés, no me parece un gran fabulador. Sin embargo, recuerdo haber pasado muy buenos ratos con “León el africano” o con “El viaje de Baldassare”, dignos ejemplares de una novela histórica honesta, que busca entretener sin asentarse por ello en tierra de tópicos.
No puedo traer hoy al blog ninguna de estas dos novelas, ni “La roca de Tanios”, leídas las tres hace años, antes de iniciar mi colección de huellas librescas. De hecho, el único volumen del que mantengo recuerdo escrito es de “Los jardines de luz”, una especie de hagiografía escrita a modo de evangelio sobre la vida de Mani, algo parecido a un personaje santo que vivió en Persia durante el siglo III d. C. No me parece éste el mejor ejemplo de la obra de Maalouf, pero ya digo que no guardo registro escrito de ningún otro.
Vuelvo a reiterar el interés de autores como Maalouf en cuanto a su labor difusora. Sin embargo, encuentro en su obra cierta moralina que no termina de disolverse en sus tramas argumentales, sino que aparece como un engrudo que puede llegar a ser molesto y algo infantil para el lector. El ejemplo contrario podría ser Graham Greene, quien supo integrar sus dilemas morales con naturalidad, sin efectismos y sin objetivos pedagógicos. En el polo opuesto, en el de la pegajosa y edulcorada moralina, tendríamos a escritores como Coelho. En fin, tal vez no sea tan fácil de digerir la educación católica que Maalouf recibió en Líbano antes de emigrar a Francia, o quizá se trate sólo de una percepción engañosa por mi parte.
Autor: A. Maalouf
Título: Los jardines de luz
Impresión: 5,4
En el siglo III el imperio sasánida se extendía desde los confines de Judea hasta la India, disputando la supremacía a Roma. Fue allí donde un joven tullido comenzó a difundir un credo que compatibilizaba a las religiones más extendidas, desde el incipiente cristianismo hasta el lejano budismo, pasando por Zoroastro, Dios supremo de los sasánidas. Vituperado y enterrado posteriormente por las religiones sectarias que lo estigmatizaron como maniqueísmo, poco a poco fue arrinconado por todas ellas, puesto que no servía como instrumento de dominación y exclusión. Maalouf reconstruye la vida de su fundador a modo de evangelio para reivindicar la creencia en la belleza, en el arte o en el eclecticismo más pacífico, poniendo en boca de Mani afirmaciones tan reveladoras como: “A veces me pregunto si no será el Señor de las tinieblas el que inspira las religiones, con el único fin de desfigurar la imagen de Dios”. Aunque no se trata de una de sus obras más notables, encontramos aquí cierto candor reivindicativo, dibujado siempre con honestidad no exenta de hermosura. - (Mayo 2008)
Pues sí, vuelven a concederse los Príncipes de Asturias, barniz intelectualoide de una institución rancia y trasnochada. Entre ellos, -entre los premios- el de las letras se lo han concedido este año a Amin Maalouf, que sin ser ni un gran escritor ni un gran pensador, sí ha contribuido a difundir la tolerancia que encierra el litoral Mediterráneo y sus gentes. Y no creo que sea cosa menor esta labor de difusión y transmisión en una época en la que la globalización (enorme monstruo que esconde bajo su disfraz de modernidad al capital de siempre, ese que hace del planeta un basto y paleto mercadillo) destruye fronteras para abaratar costes mediante incautos inmigrantes atraídos por las nuevas imágenes de El Dorado del norte, hecho de espejismos y de cartón piedra.
Ya digo que Amin Maalouf, autor libanés que escribe en francés, no me parece un gran fabulador. Sin embargo, recuerdo haber pasado muy buenos ratos con “León el africano” o con “El viaje de Baldassare”, dignos ejemplares de una novela histórica honesta, que busca entretener sin asentarse por ello en tierra de tópicos.
No puedo traer hoy al blog ninguna de estas dos novelas, ni “La roca de Tanios”, leídas las tres hace años, antes de iniciar mi colección de huellas librescas. De hecho, el único volumen del que mantengo recuerdo escrito es de “Los jardines de luz”, una especie de hagiografía escrita a modo de evangelio sobre la vida de Mani, algo parecido a un personaje santo que vivió en Persia durante el siglo III d. C. No me parece éste el mejor ejemplo de la obra de Maalouf, pero ya digo que no guardo registro escrito de ningún otro.
Vuelvo a reiterar el interés de autores como Maalouf en cuanto a su labor difusora. Sin embargo, encuentro en su obra cierta moralina que no termina de disolverse en sus tramas argumentales, sino que aparece como un engrudo que puede llegar a ser molesto y algo infantil para el lector. El ejemplo contrario podría ser Graham Greene, quien supo integrar sus dilemas morales con naturalidad, sin efectismos y sin objetivos pedagógicos. En el polo opuesto, en el de la pegajosa y edulcorada moralina, tendríamos a escritores como Coelho. En fin, tal vez no sea tan fácil de digerir la educación católica que Maalouf recibió en Líbano antes de emigrar a Francia, o quizá se trate sólo de una percepción engañosa por mi parte.
Autor: A. Maalouf
Título: Los jardines de luz
Impresión: 5,4

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