Para seguir con el camino bélico, extraigo hoy un volumen sorprendente y original, aunque no encasillable exactamente entre las novelas inspiradas en la guerra o la posguerra civil, pues en este caso, el tiempo interno de la obra abarca casi todo el siglo XX, pero gran parte de sus decorados vienen configurados por la guerra y por los que de ella salieron con rancios olores, raídas sotanas e inmortales valores de culebrón.
Se trata de un libro atrevido e inusualmente ambicioso, pero que, pese a lo esperable, sale indemne y bien parado. Porque reconstruir más de seis décadas a base de cartas y sin apenas armazón argumental que sustente el proyecto no es sencillo. La principal de sus virtudes es la variedad de estilos que se enriquece con cada nueva carta; véase si no la explicación del juego del “lobico”. En definitiva, interesará a quien busque algo diferente, una forma distinta y fresca de narrar, aunque paradógicamente acuda a momentos históricos tan socorridos y transitados.
Autor: V. Molina Foix
Título: El abrecartas
Impresión: 8,0
En esta ocasión, el autor despliega una novela epistolar que, con un difuso fondo en el que la dictadura franquista ilumina con diferentes tonalidades toda la obra, aparecen y desaparecen personajes de la intelectualidad española desde la década de 1920 hasta los años ochenta. Lorca, Alberti y su compañera María Teresa, Eugenio d'Ors, Ortega o Alexandre dan paso a otros personajes surgidos en los convulsos años sesenta, con menor relieve, pero cincelados siempre con nitidez, precisión y buen gusto. La obra se elabora en capítulos casi independientes desarrollados a través de cartas, pero todos ellos estarán de alguna forma relacionados mediante tenues nudos epistolares, que van desde cierto lirismo encarnado en un trío de enamorados desencuentros, hasta memorandos ramplones y zafios producto de los burocratizados servicios de seguridad del régimen. Esa diferencia de estilos -aplaudida por la crítica que ensalzó la novela otorgándole el premio nacional de narrativa- es lo que sin duda hace que la obra sea singular y atractiva, pues parece escrita por diferentes voces, produciendo en el lector un efecto de multilateralidad más que interesante. El conjunto, pese a su enorme ambición (recoger casi un siglo de vida con el tenue hilo conductor de unas cuantas cartas) resulta más que logrado, sin que aparezca esa pretenciosidad tan habitual en este tipo de retos. Curiosamente, la trabazón argumental se forja a través del personaje más ambiguo: se trata de Fonseca, informante franquista contradictorio, acomplejado y culpable, quien le otorga a la obra esa consistencia que, de otro modo, no sería más que un conjunto deslavazado de cartas, eso sí, muy hermosas algunas de ellas. Además, el hecho de aislarse de los personajes, de no juzgarlos ni encorsetarlos, es también mérito en absoluto desdeñable del autor. En todo caso, concebir una novela tan ambiciosa como ésta desde el género epistolar es por sí sólo una apuesta compleja por los riesgos que implica. En fin, volumen más que interesante entre tanto relato ramplón mil veces repetido. – (Diciembre 2008)
Se trata de un libro atrevido e inusualmente ambicioso, pero que, pese a lo esperable, sale indemne y bien parado. Porque reconstruir más de seis décadas a base de cartas y sin apenas armazón argumental que sustente el proyecto no es sencillo. La principal de sus virtudes es la variedad de estilos que se enriquece con cada nueva carta; véase si no la explicación del juego del “lobico”. En definitiva, interesará a quien busque algo diferente, una forma distinta y fresca de narrar, aunque paradógicamente acuda a momentos históricos tan socorridos y transitados.
Autor: V. Molina Foix
Título: El abrecartas
Impresión: 8,0
En esta ocasión, el autor despliega una novela epistolar que, con un difuso fondo en el que la dictadura franquista ilumina con diferentes tonalidades toda la obra, aparecen y desaparecen personajes de la intelectualidad española desde la década de 1920 hasta los años ochenta. Lorca, Alberti y su compañera María Teresa, Eugenio d'Ors, Ortega o Alexandre dan paso a otros personajes surgidos en los convulsos años sesenta, con menor relieve, pero cincelados siempre con nitidez, precisión y buen gusto. La obra se elabora en capítulos casi independientes desarrollados a través de cartas, pero todos ellos estarán de alguna forma relacionados mediante tenues nudos epistolares, que van desde cierto lirismo encarnado en un trío de enamorados desencuentros, hasta memorandos ramplones y zafios producto de los burocratizados servicios de seguridad del régimen. Esa diferencia de estilos -aplaudida por la crítica que ensalzó la novela otorgándole el premio nacional de narrativa- es lo que sin duda hace que la obra sea singular y atractiva, pues parece escrita por diferentes voces, produciendo en el lector un efecto de multilateralidad más que interesante. El conjunto, pese a su enorme ambición (recoger casi un siglo de vida con el tenue hilo conductor de unas cuantas cartas) resulta más que logrado, sin que aparezca esa pretenciosidad tan habitual en este tipo de retos. Curiosamente, la trabazón argumental se forja a través del personaje más ambiguo: se trata de Fonseca, informante franquista contradictorio, acomplejado y culpable, quien le otorga a la obra esa consistencia que, de otro modo, no sería más que un conjunto deslavazado de cartas, eso sí, muy hermosas algunas de ellas. Además, el hecho de aislarse de los personajes, de no juzgarlos ni encorsetarlos, es también mérito en absoluto desdeñable del autor. En todo caso, concebir una novela tan ambiciosa como ésta desde el género epistolar es por sí sólo una apuesta compleja por los riesgos que implica. En fin, volumen más que interesante entre tanto relato ramplón mil veces repetido. – (Diciembre 2008)

No hay comentarios:
Publicar un comentario