De vez en cuando encontramos obras que textual o contextualmente nos remiten de manera inequívoca a otras. ¿Inspiración? ¿puro y duro plagio? Como en botica, de todo hay.
Traigo hoy una excelente novela del japonés Yasunari Kawabata. Se trata de la más conocida fuera de su país, “La casa de las bellas durmientes”, publicada siete años antes de haber recibido el premio Nóbel en 1968. ¿Y porqué ésta? Pues porque inspirado en ella, García Márquez trasladó la historia a su trópico y a su gente más de cuarenta años después de la publicación del original japonés. De esta forma, en 2004 vio la luz “Memoria de mis putas tristes”, en la que el escritor colombiano trató de hacer llegar al lector las mismas sensaciones frente a la vejez o la decrepitud, el sexo o la muerte que le invadieron a él al leer el magnífico volumen de Kawabata.
No podemos hablar aquí de plagio, sino que se trataría más bien de un homenaje, eso sí, conseguido sólo a medias, puesto que aunque no es en absoluto desdeñable la obra de García Márquez, de ninguna manera es comparable a la claustrofóbica pero tremendamente evocadora casa durmiente. Y digo que se trata de homenaje y no de plagio porque García Márquez explicita haberse inspirado en su predecesor japonés, afirmando incluso que la novela de Kawabata es la que le habría gustado escribir. Dejaré para el próximo día el remedo del narrador colombiano, el cual, repito, no carece de interés, aunque sí se ve empequeñecido a la sombra de las doncellas durmientes.
Autor: Y. Kawabata
Tíulo: La casa de las bellas durmientes
Impresión: 8,5
Un individuo que se encuentra en el umbral de la vejez es invitado a un selecto club en el que los ancianos pasan las noches con jóvenes vírgenes dormidas, que han sido narcotizadas con el fin de no conocer a sus acompañantes. Ellos pueden tocar y besar, pero tienen prohibido cualquier acto explícitamente sexual. En las noches que el protagonista permanece en el club, rememora otros momentos pasados con mujeres con melancólica tristeza. Se trata de una novela corta que tiene como único y obsesivo escenario la habitación de las doncellas, en un relato sencillo y hermoso, metáfora de la soledad que impregna la vejez, en la que la virilidad y el deseo van declinando hasta ser sustituidos por la muerte. Especialmente logrados son algunos de los recuerdos del anciano, aunque, como en otras de las obras de Kawabata, subyace cierta añoranza por la cultura tradicional japonesa, lo que enfría y aleja algo la obra para un lector occidental. – (Abril -2009)
Traigo hoy una excelente novela del japonés Yasunari Kawabata. Se trata de la más conocida fuera de su país, “La casa de las bellas durmientes”, publicada siete años antes de haber recibido el premio Nóbel en 1968. ¿Y porqué ésta? Pues porque inspirado en ella, García Márquez trasladó la historia a su trópico y a su gente más de cuarenta años después de la publicación del original japonés. De esta forma, en 2004 vio la luz “Memoria de mis putas tristes”, en la que el escritor colombiano trató de hacer llegar al lector las mismas sensaciones frente a la vejez o la decrepitud, el sexo o la muerte que le invadieron a él al leer el magnífico volumen de Kawabata.
No podemos hablar aquí de plagio, sino que se trataría más bien de un homenaje, eso sí, conseguido sólo a medias, puesto que aunque no es en absoluto desdeñable la obra de García Márquez, de ninguna manera es comparable a la claustrofóbica pero tremendamente evocadora casa durmiente. Y digo que se trata de homenaje y no de plagio porque García Márquez explicita haberse inspirado en su predecesor japonés, afirmando incluso que la novela de Kawabata es la que le habría gustado escribir. Dejaré para el próximo día el remedo del narrador colombiano, el cual, repito, no carece de interés, aunque sí se ve empequeñecido a la sombra de las doncellas durmientes.
Autor: Y. Kawabata
Tíulo: La casa de las bellas durmientes
Impresión: 8,5
Un individuo que se encuentra en el umbral de la vejez es invitado a un selecto club en el que los ancianos pasan las noches con jóvenes vírgenes dormidas, que han sido narcotizadas con el fin de no conocer a sus acompañantes. Ellos pueden tocar y besar, pero tienen prohibido cualquier acto explícitamente sexual. En las noches que el protagonista permanece en el club, rememora otros momentos pasados con mujeres con melancólica tristeza. Se trata de una novela corta que tiene como único y obsesivo escenario la habitación de las doncellas, en un relato sencillo y hermoso, metáfora de la soledad que impregna la vejez, en la que la virilidad y el deseo van declinando hasta ser sustituidos por la muerte. Especialmente logrados son algunos de los recuerdos del anciano, aunque, como en otras de las obras de Kawabata, subyace cierta añoranza por la cultura tradicional japonesa, lo que enfría y aleja algo la obra para un lector occidental. – (Abril -2009)

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