En numerosas ocasiones hemos oído hablar de la literatura de culto como si de un género se tratara. Es ésta una expresión ambigua que durante una época adornaba más al que la decía que al objeto literario que pretendía calificarse. No conozco con exactitud su significado, suponiendo que lo tenga, pero lo que sí parece claro es que se refiere a ciertos volúmenes que se han ido mitificando por razones que, en general, son externas al hecho literario.
Traigo hoy un buen ejemplo (creo) de lo que fue literatura de culto. Y digo “fue” porque hoy apenas se recuerda. Me refiero a la novela “El Maestro y Margarita”, escrita por Bulgákov en los años treinta. Cuando decimos que es una novela de “culto” no aludimos a su oposición frontal a la literatura popular, sino a su carácter minoritario, el cual, repito, suele tener poco que ver con su complejidad o con la dificultad de su lectura, sino con hechos vitales que al simplificarse se despedazan para estampar frases más o menos ingeniosas en camisetas de mercadillo.
En este caso, la calificación “de culto” acompaña a la novela por varios motivos: En primer lugar, Bulgákov murió joven, sin haberla visto publicada. En segundo término, la obra (que entre otras cosas satiriza el régimen de Stalin en la terrorífica década de los años treinta) pasó de mano en mano clandestinamente durante muchos años, publicándose en Europa Occidental casi tres décadas después de haberse escrito. De esta forma, el autor ha pasado a la historia como un férreo opositor a Stalin, cuando la realidad no es ni mucho menos tan sencilla, puesto que llegó a ser uno de los protegidos del régimen, aunque como todos los artistas e intelectuales de la época tuviera sus problemas con la censura, lo que según parece, le llevó a quemar el manuscrito. Y efectivamente, si éste hubiera sido descubierto, Bulgakov habría desaparecido sin ninguna duda, como les ocurrió a unos cuantos millones de compatriotas durante los años treinta.
Volviendo a los motivos por los que se mitificó la obra, no es desdeñable el hecho de que sirviera de inspiración a varias películas durante las décadas posteriores. Además, muchas de sus frases se airearon (incluso en camisetas) en la propia URSS cuando la perestroika relajó las mordazas. Se ha llegado a decir, en fin, que “El maestro y Margarita” es la mejor novela soviética, lo que de ser así diría muy poco en favor de la literatura heredera de Chejov, Tolstoi, Goncharov, Dostoievski, Turgueniev o el propio Gorki.
Autor: M. Bulgákov
título: El maestro y Margarita
Impresión: 7,2
En la Rusia de los años 30 la colectivización y la maquinaria burocrática de los soviets ya son algo cotidiano. En el hermoso Moscú primaveral aparece un extranjero que revolucionará la ciudad. Se trata de Satanás, que con un grotesco séquito sembrará el caos y la locura colectiva a través de escenas donde el humor y la sátira suceden intermitentemente al horror grotesco. De forma paralela, un joven aspirante a escritor ha terminado su primera novela, que narra el juicio de Cristo por parte de Pilatos y las consecuencias que traerá para éste. El escritor, enamorado repentinamente de una mujer casada, perderá cualquier ilusión vital cuando la autoridad le niegue la publicación de su obra. En todo caso, el argumento de la novela de Bulgákov es casi lo de menos. La agilidad narrativa impone hilos argumentales a veces divergentes, paralelos o convergentes en una locura burlesca y divertida que no deja indiferente a nadie y que ha hecho de la obra uno de los iconos más admirados y emulados de la primera mitad del pasado siglo. Sin embargo, en segundas y terceras lecturas se han querido buscar críticas al régimen, sátiras de la vacuidad que supone la “vida moderna”, paralelismos entre la URSS de la época y la Judea de Cristo y Pilatos… Todas estas lecturas, es verdad, han influido a la narrativa rusa posterior y han inspirado no pocas películas que hallaron en la novela el espíritu transgresor que buscaban. Sin embargo, sin restarle un ápice de calidad a la obra, son sus relecturas posteriores las que la han mitificado. De hecho, algunas de sus cacareadas virtudes (como el contraste entre el amor puro del escritor y Margarita junto a la necesaria sombra del mal que Satán personifica), no son más que aspectos resueltos con guiños artificiosos y efectistas. No obstante, la novela es sólida, atractiva y en muchos momentos sugerente, digna heredera de la gran narrativa rusa aparecida sólo unas décadas antes. – (Febrero 2009)
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