jueves, 21 de enero de 2010

Literatura y cine

Durante los ratos en que la bruma gripal tiene a bien aclararse y darme alguna tregua, sin ánimos para enfrentarme a las lecturas pendientes, me vuelvo a topar por casualidad después de casi veinte años con la entrega inicial de la saga de Hyperion, de Dan Simmons. El recuerdo de su primera lectura es cálido y acogedor, con ecos de Canterbury y de homenajes a poetas ingleses del siglo XIX. La impresión actual es menos luminosa; los altibajos son evidentes, pero la concepción general de la novela y la fuerza de algunos de sus pasajes me siguen pareciendo memorables.
Otro día recordaré a Simmons y a su atractiva pero muy irregular obra. Busco ahora fichas que tengan alguna relación con sagas fantásticas y encuentro otra serie compuesta por cuatro novelas de ciencia ficción, tal vez la más popular después de la Fundación. Me refiero, claro, a 2001 y a los otros tres relatos que completan la tetralogía. Para quien no los haya leído y muestre algún interés, con los dos primeros tendrá más que suficiente, puesto que los dos restantes carecen de cualquier valor; suenan a encargo editorial y huelen a “negro” desde las primeras páginas.
Sin embargo, ya digo que tanto 2001 como 2010 merecen algún detenimiento. La primera, más consistente y –por supuesto- original, es hoy más conocida por la versión cinematográfica que Kubrick hizo en 1969. El debate sobre la elección entre versiones literarias o cinematográficas es, claro, absurdo, pues poco tiene que ver con la fidelidad de la película o con la inspiración a la hora de adaptar el guión. La película debe valorarse en sí misma, más allá e independientemente de la procedencia de su guión. Y en este caso el resultado es impresionante. Cuarenta años después no ha perdido un ápice de magnetismo y de encanto, puesto que Kubrick no quiso trasladar al cine una obra literaria, sino reflejar una visión, una perspectiva estética en la que el guión es sólo un esbozo motivador. El libro no lo leí hasta hace pocos años y, aunque su calidad se encuentra por encima de la media del género, poco tiene que ver con la visión onírica y genial de Kubrick.




Autor: A. C. Clarke
Título: 2001, una odisea espacial
Impresión: 6,6



Primera entrega de la tetralogía que comienza con la narración de dos historias paralelas (prehistoria y actualidad) unidas por el encuentro de un misterioso objeto que demostrará corresponderse con una inteligencia extraterrestre. El descubrimiento en Júpiter de un enorme prisma negro, gemelo de otro encontrado en la luna, hace que se proyecte un viaje tripulado hacia ese planeta. Sin embargo, tanto la nave como el propio objeto esconden algunas desagradables sorpresas para sus tripulantes y al llegar a las inmediaciones de Júpiter el extraño prisma se identificará como una puerta hacia lo desconocido. Aunque como relato es uno de los más interesantes de Clarke, sin duda, parte de su éxito –y también de su encanto- es debido a su traslación al cine, que en esta ocasión sí supera al original literario. No obstante, el relato, sólido y bien construido, da una vuelta de tuerca más a la c.f. de la época, uniendo a la vivacidad y agilidad del ritmo narrativo un barniz tecnocientífico que hace creíble la trama sin alejarla del lector. - (Enero 2004)

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