Otro año más, por fin llega también el añorado entierro de la sardina navideña; y con él finalizo yo también mi periplo histórico. Los volúmenes escogidos (seis con el que hoy cierro la saga) no son representativos de mis lecturas del género, pues, salvo tres o cuatro excepciones de excelentes obras que todavía duermen en el contenedor y que dejaré para otra ocasión, he seleccionado parte de lo mejor que he leído en lo que a novela histórica atañe. En la próxima Natividad habrá que bajar el listón para que los libros reseñados sean de calidad más o menos pareja a los que solemos encontrar en los escaparates de librerías y supermercados.
Para finalizar el periplo extraigo hoy una parodia del subgénero leída hace pocos meses y que –a tono con las fechas por las que transitamos- tiene como excusa argumental el robo de las tan traídas y llevadas reliquias de los magos de oriente.
Era éste mi primer contacto con la narrativa de Benítez Reyes y, a tenor de la buena acogida que han tenido otras novelas suyas, me temo que he vuelto a errar al decidirme por este “Mercado de Espejismos”, aunque debería haberme cerciorado de mi error al advertir que fue merecedora del avejentado Nadal, el cual, por cierto, si siguen la tradición, creo que lo entregan esta noche. En fin, bastante he despotricado ya sobre premios para repetirme ahora, aunque efectivamente, éste sería un buen ejemplo de galardón depauperado. Sólo el ingenio y el buen hacer del autor, además del desvarío satírico subyacente, hacen aconsejable la lectura de este volumen para los que gusten de sátiras y de cierta acidez literaria. Me viene ahora vagamente a la memoria otro patinazo, esta vez de Humberto Eco, con una historia que también traía a colación las reliquias de los magos. Algo gafes deben ser estos pastores con ínfulas reales.
Autor: F. Benítez Reyes
Para finalizar el periplo extraigo hoy una parodia del subgénero leída hace pocos meses y que –a tono con las fechas por las que transitamos- tiene como excusa argumental el robo de las tan traídas y llevadas reliquias de los magos de oriente.
Era éste mi primer contacto con la narrativa de Benítez Reyes y, a tenor de la buena acogida que han tenido otras novelas suyas, me temo que he vuelto a errar al decidirme por este “Mercado de Espejismos”, aunque debería haberme cerciorado de mi error al advertir que fue merecedora del avejentado Nadal, el cual, por cierto, si siguen la tradición, creo que lo entregan esta noche. En fin, bastante he despotricado ya sobre premios para repetirme ahora, aunque efectivamente, éste sería un buen ejemplo de galardón depauperado. Sólo el ingenio y el buen hacer del autor, además del desvarío satírico subyacente, hacen aconsejable la lectura de este volumen para los que gusten de sátiras y de cierta acidez literaria. Me viene ahora vagamente a la memoria otro patinazo, esta vez de Humberto Eco, con una historia que también traía a colación las reliquias de los magos. Algo gafes deben ser estos pastores con ínfulas reales.
Autor: F. Benítez Reyes
Título: Mercado de espejismos
Impresión: 6,0
Uno no aprenderá nunca. Me acerco por primera vez al autor roteño y escojo para ello un libro de narrativa premiado con el Nadal, y claro, parece que no es ni el mejor ni el más característico de su obra. Espero que así sea para volver algún día al autor ya que, aunque ni el género ni el tema me han atraído especialmente, el tratamiento irónico, hilarante en ocasiones, ágil y a la vez retorcido en un alarde de socarronería, hacen del volumen una lectura divertida y amena, pero nada más. Quizás mereciera algún premio que homenajease a Gracián, incluso a Quevedo, pero ¿el Nadal? El volumen nos desgrana las andanzas y desventuras de Jacob, un veterano y mediocre marchante de arte que junto a la entrañable tía Corina, se mueve más allá de los cauces legales: obras robadas, colocación de falsificaciones y demás imposturas del oficio. Al trasnochado dúo protagonista le encargan coordinar la sustracción de las reliquias de los Reyes Magos, que se custodian y veneran en la catedral de Colonia, iniciándose así un alambicado acercamiento al botín en el que surgirán situaciones y personajes movedizos que nunca son lo que aparentan, en alusión alegórica a la propia existencia. La novela es fundamentalmente una parodia ingeniosa de las tramas a veces tortuosas, otras simplemente alucinadas y casi siempre inverosímiles que se encierran en los avergonzados estantes de novela histórica (léase también folletín histérico). “(…) cuando alguien comienza a hablarte de los templarios, lo mejor es parar el primer taxi que pase por allí y salir huyendo”.
Y esto lo consigue con soltura y solvencia, regalándonos de paso, ya que se pone, ingeniosas sentencias que, vestidas de aforismos tautológicos de los que gusta el autor, por momentos recuerdan a Chesterton. Pero visto desde una perspectiva algo más global, el libro no es más que otro divertimento paródico, que llega a desenganchar al lector con sus continuas vueltas de tuerca esbozadas a modo de engañosos espejos. – (Septiembre 2009)
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