Mi particular y penitente periplo histórico (que empieza a resultar algo machacón) es poco homogéneo, pero se sitúa, sin ninguna duda, muy por encima de la calidad media del subgénero. Autores como Pamuk, Trapiello o Zweig así lo corroboran.
Antes de cerrar el ciclo navideño con alguna obra en la que intervengan los Magos, para iniciar el año sin titubeos ni mediocridades, traigo al blog una muestra histórica del escritor latinoamericano más apabullante, demoledor y exuberante del pasado siglo. Cortázar o Borges fueron tal vez más sugerentes desde una perspectiva simbólica global. Pero la coherencia literaria ligada a una tierra, a una idea, a una gente, no la ha representado nadie con la solvencia de Carpentier. Si a ello añadimos su vertiente musicológica que se aprecia en casi toda su obra, pero que es argumento central de la magnífica alegoría representada en “Los pasos perdidos”, no resulta difícil elegir ya no al escritor del año, sino del siglo. Podría decirse además que fue el precursor del realismo mágico (o de lo real maravilloso, como a él gustaba nombrarlo). Podría decirse también que su exuberancia lingüística ha sido la mejor plasmación literaria de la riqueza tropical. Podría hablarse de la defensa que representó de un socialismo vital, pegado a la tierra, telúrico y radical. Podría hablar, en fin, del novelista que, desde una óptica personal y al margen de otras consideraciones, más a marcado mi trayectoria como lector. ¿No será ésta la mejor manera de iniciar las páginas del blog correspondientes a este año?
Autor: A. Carpentier
Título: El siglo de las luces
Impresión: 9,2
Auténtica epopeya que narra el influjo de la revolución francesa y de su posterior caída, de sus luces, sombras y aberrantes contrastes, de sus ideales y desencantos, a través de tres personajes que inician un prolongado éxodo desde una isla caribeña. Carpentier hace de Hugues (personaje real de la época) icono de todas las promesas que se transforman en muecas amargas cuando el ídolo icónico es efectivamente entronizado. La novela no sólo es espléndida en cuanto reflejo histórico de unos años cruciales en el devenir occidental, csino que al hacerla suya, el autor la traslada al Caribe, impregnándola de un lenguaje exuberante (característico de toda su obra) y marcándola con el sello localista de una cultura por civilizar. Sin duda, uno de los referentes literarios del siglo XX que indaga en las inconsistencias de las construcciones sociales a partir de los elementos materiales más íntimos que configuran al individuo, que lo determinan, limitan y que sólo a veces también lo ensalzan. - (Agosto 2004)
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