Todos los noticiarios nos han asediado estos días con la celebración del vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Y –como firmaría Pink Floyd- la caída de un muro, sea el que sea, hasta las más íntimas barreras, siempre es motivo de celebración. Pero si en aquél momento de espontáneas y optimistas manifestaciones en las calles de media Europa pudiéramos haber entrevisto ese futuro que ahora se ha hecho presente, quizá hubiéramos atenuado las alborozadas congratulaciones.
Una vez enterrado el siglo XX, sólo nos quedan sus secuelas y cicatrices, que no son pocas. Si hay que recordarlo con unas cuantas pinceladas, algunas de ellas recogerían sin duda el tenebrismo de los dos grandes conflictos bélicos mundiales. La literatura también los ha rememorado desde múltiples perspectivas, pero si alguna representa la crudeza del horror, del desenmascarado rostro humano en su versión más desesperanzada, es la que reflejó Primo Levi en sus escritos sobre el holocausto. Creo que su lectura debería ser obligatoria en los centros de enseñanza, pero no para echar más leña a un extinguido fuego, sino porque la extrema honradez de su mirada todavía hoy es ejemplificadora.
Una vez enterrado el siglo XX, sólo nos quedan sus secuelas y cicatrices, que no son pocas. Si hay que recordarlo con unas cuantas pinceladas, algunas de ellas recogerían sin duda el tenebrismo de los dos grandes conflictos bélicos mundiales. La literatura también los ha rememorado desde múltiples perspectivas, pero si alguna representa la crudeza del horror, del desenmascarado rostro humano en su versión más desesperanzada, es la que reflejó Primo Levi en sus escritos sobre el holocausto. Creo que su lectura debería ser obligatoria en los centros de enseñanza, pero no para echar más leña a un extinguido fuego, sino porque la extrema honradez de su mirada todavía hoy es ejemplificadora.
Título: Si esto es un hombre
Impresión: 9,2
En esta primera entrega de la trilogía que levi dedicó al holocausto, narra a través de relatos fragmentarios pero extremadamente precisos el año que pasó en auschwitz, desde su captura como partisano a finales de 1943 hasta la liberación del campo por el ejército soviético. La perspectiva de Levi es novedosa y de una honradez absolutamente inimaginable en un superviviente de la mayor aberración que el hombre fue capaz de diseñar y ejecutar durante el pasado siglo, sobre todo si se tiene en cuenta que el volumen fue escrito poco después de su vuelta a Italia.
"No lo he escrito con la intención de formular nuevos cargos, sino más bien de proporcionar documentación para un estudio sereno de algunos aspectos del alma humana."
En efecto, el autor deja de lado la óptica victimista y se limita a describir la barbarie del exterminio como lo haría un testigo desapasionado y lejano. Su objetivo no es la traslación truculenta de la brutalidad nazi, sino que centra su atención en la evolución vital de las víctimas, muertas en vida mucho antes de ser gaseadas. ¿Quiénes fueron los supervivientes? Pues en buena parte fueron los que no sucumbieron porque dejaron morir al de al lado o los que comerciaron con la agonía del camarada más cercano, en una espiral descendente en la que el individuo ha borrado cualquier coordenada ética para centrarse en superar el cansancio, el hambre y el frío extremo un día más, una arbitrariedad más, una vejación más. Lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto se diluyen en la única elección digerible que el hombre entiende cuando ha perdido cualquiera de los rasgos que una vez lo identificaron como tal y que reducen todos los planteamientos morales a una sola dicotomía radical que únicamente es capaz de distinguir al hundido del salvado. Pero como una trituradora, Levi se encarga de ir destruyendo cualquier imagen mental que el lector se vaya formando, porque la realidad no era eso, porque siempre se podía caer más bajo. En definitiva, aunque el estilo literario es mejorable –como así ocurre en los otros dos volúmenes de la trilogía-, eso no le importa ni al autor ni al lector, ya que en pocas ocasiones se ha narrado con tanta fría objetividad y meticuloso empeño la destrucción de la conciencia y del alma humana. - (Marzo 2009

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