miércoles, 21 de octubre de 2009

Cuéntame un cuento

Si de ficción narrativa hablamos, el cuento es el peor o el mejor de los subgéneros, ya que en él se perciben con mayor nitidez que en la novela los defectos o las virtudes literarias. De hecho, muchos críticos, incluso autores tan reconocidos como Borges, tildan a la novela de género menor, porque se presta más a efectismos y trucos de chistera capaces de hacer menos visible su mediocridad.

No seré yo quien azuce este tipo de descafeinadas polémicas, pero la cara de alucinada gratitud que a uno se le queda después de leer una buena antología o recopilación de cuentos debe tener cierto parecido con la de algunos beatos tras la absolución de sus miserias.

Pues bien, acabo de terminar un volumen de catorce cuentos que no dejaré enfriar. La mayoría fueron publicados entre las décadas de los cincuenta y los ochenta del pasado siglo y algunos de ellos forman parte de cualquier antología que se precie. En dos palabras: Im-presionante.


Autor: VV.AA.
Título: Mi cuento favorito
Impresión: 9,3

Hace ya algunos años, a fin de recopilar una colección de cuentos que posteriormente publicó Alfaguara, Guillermo Saavedra preguntó a catorce escritores consagrados argentinos por su cuento favorito. La selección es arbitraria, porque las motivaciones de la elección son muy diferentes. Sin embargo, aunque la aparición de algunos de ellos es previsible (no incluir a Conrad, Cheever, Faulkner, Poe, Kafka, London, Tolstoi o el inevitable Borges habría sido pecaminoso), otros de los autores que forman la colección son más discutibles, como discutible me parece no recoger ninguno de los magníficos cuentos de Cortázar, Bioy Casares, Chejov o Salinger, por poner sólo unos pocos ejemplos de bulto. Pero más allá de las preferencias personales, la selección es magnífica, sobre todo por la variedad de temáticas, situaciones o escenarios. Saltar del tenebrismo de Poe a los laberintos de Borges es literalmente vertiginoso, pero no por ello menos de agradecer. Por lo demás, descubrir la vena cuentística de autores como Purdy, K. A. Porter o la mexicana Elena Garro tampoco es moco de pavo. Se trata en fin de una delicia, porque estén o no todos los que son (y viceversa), ninguno de los catorce cuentos seleccionados dejará indiferente, ya sea por su perfección formal, por su inquietante atmósfera, por sus vueltas de tuerca o, simplemente, Por la capacidad de concentrar convergencias y divergencias con tanta naturalidad y economía de medios (véase en este sentido especialmente el complejo relato “Un marido rural”, de John Cheever). Toda una gozada. – (Octubre 2009)

No hay comentarios:

Publicar un comentario