sábado, 19 de septiembre de 2009

Segundo tropiezo en la misma piedra

Aún  no he malgastado más de una docena de páginas del blog y ya me repito. Repetirse suele ser consecuencia de cenas demasiado copiosas, pero también de individuos con escasa imaginación y, como de eso se trata, en ello estamos. Rememorando con un amigo hace pocos días recientes estampas vacacionales, surgió en la conversación, casi como un referente universal, el inevitable fenómeno Larsson. No tenía en mente referirme a él todavía, pero pensándolo algo más, si de efímero fenómeno se trata, escaso sentido tendrá dilatar su reseña, puesto que, así lo espero, en pocos meses quedará descontextualizado, a pesar de los intrincados esfuerzos editoriales que, muy probablemente, pronto insuflarán vida al mito y pretenderán resucitarlo con una cuarta entrega. Si la primera novela de la serie sorprendió por la cercanía que la literatura nórdica ha sabido impregnar al género negro, el segundo volumen, como las cenas mal digeridas, nos devuelve el sabor de los ingredientes más pesados, socorridos y recurrentes. ¿Y el desenlace? Ustedes mismos…


Autor: S. Larsson
Título: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina
Impresión 5,2

En esta segunda entrega de la saga Millenium, Larsson centra su denuncia en el casi impune comercio sexual de adolescentes procedentes de los países de la Europa del este. Tras iniciarse la investigación por Blomkvist (coprotagonista del primer volumen) de la revista Millenium, se descubren tres asesinatos, de los que rápidamente se responsabiliza a Lisbeth Salander, esa héroe antisocial de moral maniquea que remeda a una Pippi Langstrump adulta y desubicada. Lisbeth es ahora una multimillonaria capaz de resolver no sólo sus problemas –que no son pocos- sino que se cree en condiciones de afrontar las más oscuras y complejas tramas delictivas, especialmente si afectan a las mujeres. Esa ética casi ramplona de blancos y negros, de buenos y malos, se va generalizando al resto de personajes, lo que sin duda supone el principal lastre de la novela. Si en “Los hombres que no amaban a las mujeres” la trama se va esbozando con esa lenta coherencia nórdica que deslumbró a millones de lectores, aquí el thriller simplifica de manera algo tosca las motivaciones de los personajes: “o estás conmigo o contra mí”, en una historia que poco a poco va desplazando su foco desde la denuncia social hacia los hechos que, desde su infancia, justifican la personalidad de la protagonista. En general, sigue siendo un buen entretenimiento de verano, pero decepcionará al lector que busque algo más que la truculenta acción procedente de los clichés de la novela y del cine negro norteamericanos. – (Agosto 2009)


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