sábado, 25 de agosto de 2012

Coincidencias por bloguerías

La semana pasada me refería a Coelho (A Paulo, no a Oliverio) y decía de él –y lo repito ahora- que es una mala influencia, un obstáculo no menor, para quien quiera aprender (sí, aprender), disfrutar e internarse con deleite en eso tan movedizo y escurridizo que llamamos literatura. Porque la literatura puede ser muchas cosas –vean si no las perspectivas parciales tan diferentes desde las que se ha tratado de acotar su espacio durante el pasado siglo, empezando, por ejemplo, por los formalistas rusos-, pero lo que sí vamos teniendo claro es lo que está fuera del espacio literario; y Coelho no solo está fuera, sino que se dedica con empeño encomiable a poner piedras en el camino de muchos de los que inician esa senda.

Sin duda he sido bastante precavido en mis adjetivaciones, pues en algunos blogs y foros temáticos lo han puesto a caer de un burro. Traigo solo un breve ejemplo aparecido el pasado 7 de agosto en el blog de Javier Avilés, El lamento de Portnoy, quien durante este mes de agosto publica sus entradas a modo de postales veraniegas:



Apreciado señor Coelho

He leído sus declaraciones a The Guardian:

"One of the books that caused great harm was James Joyce's Ulysses, which is pure style. There is nothing there. Stripped down, Ulysses is a twit."

Le diría que usted sí es verdaderamente perjudicial para la literatura si en un momento de enajenación pensase que lo que usted hace es literatura.

Atentamente



Este tipo de autoayuda ramplona y pueril no solo se ha cebado con algunas publicaciones que se venden en los espacios literarios. También comienzan a abundar en el área de recursos humanos de las empresas. Si ustedes se fijan, muchos de los cursos sobre liderazgo, trabajo en equipo, cultura corporativa y zarandajas parecidas se sostienen en una serie de principios que son cualquier cosa menos principios. Recuerdo uno de ellos en el que al comenzar el primer capítulo, para abrir boca, se incluía una cita de uno de los grandes empresarios protofascistas norteamericanos. Por supuesto, me deshice inmediatamente del librito, me dirigí a su promotor y, en mi calidad de asesor para la contratación de ese servicio, le dije que se había equivocado de cliente, si bien, como era de esperar, pocos días después tuve que tragarme esas palabras, pues esos textos almibarados y el enfoque basado en nociones esquemáticas tan vacuas como estereotipadas, ya había calado en algunos a los que correspondía tomar la decisión. Espeluzna pensar en qué, cómo y con qué materiales se enseñará literatura en algunos centros de enseñanza media. ¿Qué respondería el Señor Ministro de Educación? Tal vez distinguiría, en primer lugar, entre los materiales más adecuados para niños y niñas en los centros que los segregan como a churras y a merinas. Solo en Madrid ya contamos con ocho de esos centros educativos que financiamos todos. ¿A qué sexo se adaptará mejor el panfleto de Cohelo? Supongo que al de los ángeles.

Volviendo a la entrada de la semana pasada, recordaba también a dos de los últimos autores caídos. En el caso de Gore Vidal me cabreó leer unos cuantos artículos en los que se glosaba su obra, poniendo en primer plano su labor como guionista para películas como las de Ben-Hur y, como quien no quiere la cosa, eso valía como percha para traer a colación su homosexualidad, mientras que apenas se mencionaban sus grandes novelas. De ellas, recomiendo especialmente Juliano el apóstata, que leí hace dos décadas, por lo que no guardo huella escrita de su impresión, pero que al menos entonces me pareció magnífica, sobre todo por la recreación del personaje imperial.

Traigo hoy otro de sus novelones históricos, si bien, tal vez por la glotona avaricia de su enorme ambición novelesca (poner en tela de juicio la cultura griega y, a la par, redescubrir el motor inicial de las grandes religiones de la antigüedad), el resultado es más endeble. En fin, léanlo y, en cualquier caso, disfruten.



Autor: G. Vidal
Título: Creación
Impresión: 6,6



El interés de la novela de Gore Vidal es doble: Por una parte, como en Juliano el apóstata, disecciona las sociedades recreadas a través de las religiones que las abanderan; religiones entendidas como mitos, como farsas, como reproductores sociales, como saturación demagógica o como expresión estética de una ética cultural. Para eso, aquí mete en un mismo saco al politeísmo griego, al poder omnímodo de la deidad persa, a un Buda cuya presunción le hace diluirse en su propia creencia y, por último, al ancestral conservadurismo de Confucio. Así, la creación del mundo, del universo y del propio dios se explica de manera tortuosa en Grecia y en Persia, y ni siquiera se explica (el interés no está ahí) en la India o en Katai.

En segundo lugar, la narración sorprende por su planteamiento mismo. Frente a la novela histórica al uso, Vidal acepta el género como un juego, y escoge una posición –la del narrador- que se sitúa en contra de la tradición histórica que, a fuerza de repetirse, se ha convertido en verdad absoluta, en la única verdad posible. El narrador es un viejo embajador de Persia en Atenas que, en el siglo V antes de Cristo, ya en las postrimerías de su vida, decide dictar su biografía a su nieto, con el objeto de desmentir las falsedades que se han ido propagando por la ciudad griega, democrática y demagógica, empobrecida y desleal, desmemoriada y ufana. De entre los manipuladores de la verdad, según nos cuenta el narrador, se encuentra Herodoto, un escritorzuelo de mitos infantiles que adolece de cualquier rigor. Por lo demás, la biografía del protagonista no carece de interés, pero podría confundirse con uno de tantos documentos históricos novelados. Nieto de Zoroastro y amigo de Gerges, uno de los grandes reyes persas, a Ciro se le encomiendan embajadas que lo llevarán primero a la India y después a Katai (la actual China), en cuyas civilizaciones podrá contrastar sus coordenadas culturales, haciendo crecer un relativismo cultural que hará tambalear algunos de los cimientos culturales y religiosos más profundos.

En fin, una novela histórica que se aleja de la tradición del género y que, si bien no alcanza las magníficas caracterizaciones psicológicas de Juliano, sí nos ofrece una propuesta limpia y honesta, lo cual, ya es un mérito a destacar si lo comparamos con la escombrera del género. – (Junio 2012)

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