viernes, 20 de enero de 2012

Intriga e intrigantes

Una de las agencias de calificación de riesgos (el nombre es lo de menos, son idénticas a sí mismas y a sus congéneres) amenaza con bajar la calificación de la deuda ¿soberana? Española uno o dos peldaños. Pero han encontrado una solución para que esto no suceda: si el Gobierno se compromete a reducir sustancialmente el gasto público en políticas educativas y sanitarias podrían olvidar la amenaza.

Parece obvio que esta gente debería estar en la cárcel desde hace tiempo. No se trata de una pataleta ni de un brindis al sol. La legislación española, empezando por la Constitución, consagra el derecho a la propiedad privada, pero también –y al mismo nivel- encontramos derechos fundamentales (sí, así se siguen llamando) como el de acceso a una vivienda digna, o el de disponer de servicios educativos y sanitarios gratuitos y de calidad.

El primero de tales derechos, el de la propiedad, parece que está bien apuntalado en nuestra jungla jurídica, con un aparataje ejecutor bien pertrechado. ¿Y los otros tres? Si sus garantías son cada vez más movedizas, ahora vienen desde las agencias a chantajearnos, diciéndonos que si pagamos la educación también pagaremos un precio mucho mayor por los intereses de la deuda pública.

También aquí encontramos soluciones para no “enchironarlos”, faltaría más. Cambiamos la Constitución (el ensayo de 2011 no salió nada mal) y punto. Total, por quitar un par de articulitos…

Mientras me maravillaba de noticias como esta, las portadas de los periódicos de mayor tirada estaban copadas por un pisotón de Pepe y por sus impagables disculpas. Tal vez nos merezcamos que nos rebajen la calificación como país, pero no un par de escalones; que nos hagan descender hasta las cenagosas mazmorras en las que ya se han ido acomodando portugueses, griegos e irlandeses.

Por fortuna, también he encontrado esta semana en la prensa patria artículos –pocos- con los que solazarse. Entre ellos, en una estupenda entrevista a Lobo Antúnes (a mi juicio uno de los creadores europeos contemporáneos más interesantes), el escritor portugués desprendía algunas perlitas como esta:

"En ninguna novela mía encontrará intriga. Lo que busco es poner la vida entre las cubiertas del libro. La intriga, si es que la hay, sirve solo para atraer al lector hacia lo que me interesa de verdad: la naturaleza del hombre."

¡Tiene prácticamente la misma clarividencia que los mangantes y delincuentes de las agencias! Cuánta falta nos hacen unas cuantas cabezas como la tuya, Antonio. ¿Me permites que les dedique a estos chorizos tu Manual de inquisidores?




Autor: A. Lobo Antúnes
Título: Manual de inquisidores
Impresión: 8,2



El escritor portugués me sigue pareciendo uno de los autores contemporáneos más interesantes, pues, aunque tal vez algo monocorde, nos sigue mostrando una de las miradas europeas más personales y sugerentes, que no ha querido influenciarse de cánones ni tendencias o modas. En esta ocasión el relato transita los años crepusculares de la dictadura portuguesa de Salazar, a través de la mirada de uno de sus ministros y de las personas que lo rodearon, desde sus siniestros colaboradores hasta su esposa o su hijo, pasando por los servidores de su hacienda (la siempre fiel ama de llaves, la concubina con quien tuvo una hija no reconocida, una chica que al ministro le recordaba a su joven esposa antes de que lo abandonara y, en fin, toda una colección de individuos oscuros que adornaron -a la vez que emporcaron- su figura). A modo de entrevistas periodísticas, que se amoldan con dificultades al estilo indirecto del autor, Lobo Antúnes nos presenta todo un elenco degenerativo de los efectos más caricaturescos de las dictaduras bananeras (en eso recuerda a otras novelas latinoamericanas que trataron el mismo asunto) enfatizando la parodia y el esperpento (y aquí se nos hace presente el Tirano Banderas de Valle Inclán), desde el monólogo interior elíptico, excursivo y a menudo repetitivo y mántrico de personajes que, en general, terminaron naufragando con el ocaso del régimen. Tal vez no sea esta la mejor de sus novelas, pues, ya digo, la mirada interior de Lobo Antúnes no se adecua a la entrevista periodística, con un estilo excesivamente uniforme que se aplica sin diferencias al conjunto de su personal bestiario. Además, es un relato (mejor sería decir un conjunto de relatos) demasiado lineal para lo que nos tiene acostumbrados, por lo que quizá sea un buen volumen para iniciarse en la obra del autor de Esplendor de Portugal. En cualquier caso, hablamos de una narración sugerente, comparable a las mejores publicaciones que han tratado la figura del dictador y de su obra desde distintas perspectivas: absolutamente recomendable. – (Enero 2012)

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