Hace algún tiempo refería el estado en que uno se queda después de leer una completa antología de relatos de Chejov. A todos nos suena alguno de sus desoladores cuentos: “La noche de Pascua”, “Tristeza”, “Pesadilla”, “Vérochka”, “El caramillo”, “El beso”, “Luces”, “El monje negro” o los inolvidables “Las grosellas” o “La dama del perrito”.
Este año se conmemora con cierto sigilo evidentemente injusto, el 150º aniversario de su nacimiento y creo que habría que celebrarlo al menos con la misma fanfarria con la que recordaríamos a Cervantes, Dostoiesvski, Victor Hugo, Tolstoi o Proust, pues aunque Poe, Maupassant, Cortázar, Borges o Carver sean referentes inolvidables como cuentistas, sin duda Chejov es maestro entre maestros.
La semana pasada leí una interesante selección de relatos de Martínez de Pisón, hecha por el propio autor, quien resumía su trayectoria diciendo que había empezado a escribir hace veinticinco años en la órbita de Poe para ir desplazándose poco a poco hacia la de Chejov. ¿Puede reducirse la historia del cuento moderno a una linealidad delimitada por esos dos polos? Tal vez no, aunque tengo mis dudas. En todo caso, cualquier excusa es válida para volver a leer al genial ruso, quien por cierto, murió con la edad que ahora calzo.
Autor: A. P. Chejov
Título: Cuentos
Impresión: 9,8
¿Qué se puede decir ya que no se haya escrito de la obra de Chejov? Todos hemos leído alguno de sus relatos o de sus novelas cortas. Alba Editorial recogió en 2004 una amplia antología de cuentos, más de sesenta, desde los primeros relatos, satíricos, chispeantes y más o menos superficiales, escritos a principios de la década de los ochenta del siglo XIX, hasta los complejos relatos que salieron de su pluma poco tiempo antes de su prematura muerte en 1904. La sensación que a uno le queda al terminar el último cuento, después de ochocientas páginas, es demoledora, como si se tratara de una indigestión tras la desmesurada ingesta de nuestro plato favorito. Pocas veces he visto dibujar personajes tan bien perfilados con tan pocos trazos; Pocas veces he visto una temática tan diversa tratada con tanto respeto; pocas veces he visto tanta complejidad en relatos tan cortos. ¿Y la modernidad del tratamiento, marcado por un existencialismo –casi nihilismo- redimido sólo por la muerte, por esa muerte que él sabía cercana? Trato de escoger los cuentos que me han parecido mejores y no soy capaz, pues al menos tres docenas son sencillamente perfectos. Y los que no lo son formalmente, esconden sorpresas al arriesgarse con personajes atípicos, con situaciones de una verosimilitud casi cubista, con relaciones de una complejidad que asusta. En fin, habrá que repetirlo una y mil veces: no es posible comprender el cuento moderno sin haber leído a Chejov. Es discutible la selección del antologista (además de la interpretación sobre la obra del cuentista ruso expuesta en el prólogo), pero, en cualquier caso, el volumen incluye al menos treinta o cuarenta relatos magistrales. – (Enero 2010)
Este año se conmemora con cierto sigilo evidentemente injusto, el 150º aniversario de su nacimiento y creo que habría que celebrarlo al menos con la misma fanfarria con la que recordaríamos a Cervantes, Dostoiesvski, Victor Hugo, Tolstoi o Proust, pues aunque Poe, Maupassant, Cortázar, Borges o Carver sean referentes inolvidables como cuentistas, sin duda Chejov es maestro entre maestros.
La semana pasada leí una interesante selección de relatos de Martínez de Pisón, hecha por el propio autor, quien resumía su trayectoria diciendo que había empezado a escribir hace veinticinco años en la órbita de Poe para ir desplazándose poco a poco hacia la de Chejov. ¿Puede reducirse la historia del cuento moderno a una linealidad delimitada por esos dos polos? Tal vez no, aunque tengo mis dudas. En todo caso, cualquier excusa es válida para volver a leer al genial ruso, quien por cierto, murió con la edad que ahora calzo.
Autor: A. P. Chejov
Título: Cuentos
Impresión: 9,8
¿Qué se puede decir ya que no se haya escrito de la obra de Chejov? Todos hemos leído alguno de sus relatos o de sus novelas cortas. Alba Editorial recogió en 2004 una amplia antología de cuentos, más de sesenta, desde los primeros relatos, satíricos, chispeantes y más o menos superficiales, escritos a principios de la década de los ochenta del siglo XIX, hasta los complejos relatos que salieron de su pluma poco tiempo antes de su prematura muerte en 1904. La sensación que a uno le queda al terminar el último cuento, después de ochocientas páginas, es demoledora, como si se tratara de una indigestión tras la desmesurada ingesta de nuestro plato favorito. Pocas veces he visto dibujar personajes tan bien perfilados con tan pocos trazos; Pocas veces he visto una temática tan diversa tratada con tanto respeto; pocas veces he visto tanta complejidad en relatos tan cortos. ¿Y la modernidad del tratamiento, marcado por un existencialismo –casi nihilismo- redimido sólo por la muerte, por esa muerte que él sabía cercana? Trato de escoger los cuentos que me han parecido mejores y no soy capaz, pues al menos tres docenas son sencillamente perfectos. Y los que no lo son formalmente, esconden sorpresas al arriesgarse con personajes atípicos, con situaciones de una verosimilitud casi cubista, con relaciones de una complejidad que asusta. En fin, habrá que repetirlo una y mil veces: no es posible comprender el cuento moderno sin haber leído a Chejov. Es discutible la selección del antologista (además de la interpretación sobre la obra del cuentista ruso expuesta en el prólogo), pero, en cualquier caso, el volumen incluye al menos treinta o cuarenta relatos magistrales. – (Enero 2010)

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