martes, 1 de diciembre de 2009

Bienvenido Mister Marshall (IV)

Termino (o casi) este serial americano con el autor estadounidense más exportado y que mejor se ha sabido vender en Europa durante las dos últimas décadas. Me refiero, claro, a Paul Auster, del que un crítico también norteamericano decía que era, al hilo de su última novela, algo así como: autor postmoderno para lectores superficiales. No he leído todas sus novelas y, aunque creo que alguna de las que sí he engullido encajaría más o menos en esa etiqueta (por ejemplo, “Brooklyn Follies”), otras como “Leviatán” o “El libro de las ilusiones” no se ajustan a aseveraciones tan voluntariamente capciosas y reduccionistas. Y las califico de reduccionistas porque para buena parte de los sesudos críticos, cualquier autor que consiga llegar al “gran público” es necesariamente populista, superficial, previsible, sensiblero, etc., adjetivos éstos que se cuelgan antes incluso de valorar sus escritos.

Traigo hoy su obra más críptica e intimista, “La trilogía de Nueva York”, compuesta de tres novelas cortas que se publicaron inicialmente por separado a mediados de los años ochenta. En ellas se condensan sus obsesiones preferidas, aquellas que desarrollará posteriormente con mayor prodigalidad de medios. Probablemente no es su mejor novela, pero desde que la leí me pareció la más original, personal y, desde luego, la que dejó en mí un recuerdo menos perecedero. Creo que ahora está considerada como “novela de culto”, que no sé muy bien lo que quiere decir. ¿Significa tal vez la presunción de una interpretación exégeta por parte del lector? En fin, de algo tienen que vivir los etiquetadores que se preocupan de desmenuzar la realidad para que nuestras estrechas tragaderas puedan deglutirla con naturalidad.


Autor: P. Auster
Título: La trilogía de Nueva York
Impresión: 8,2



En este volumen temprano, el autor recopila tres relatos intimistas, claustrofóbicos y obsesivos que indagan en las fuentes de la degeneración humana. Se trata de la obra (publicada inicialmente como tres novelas cortas independientes) con la que Auster comenzó a ser reconocido como autor singular. Carece del desarrollo narrativo que mostrará en novelas posteriores, pero encontramos aquí en su estado más puro las inquietudes que motivarán y darán sentido a su obra posterior. Además, en este volumen no parece encontrarse encorsetado por la presión del éxito editorial, por lo que los desarrollos argumentales (especialmente en la relación entre el escritor y sus demonios expuesta en “La habitación cerrada”) son más caóticos, digresivos, circulares y obsesivos. Una de las obras más interesantes –a la vez que olvidada- de Auster, arisca y de lectura poco amable, pero que encierra sin ambages teatrales buena parte de los ejes argumentales que desarrollará más tarde: el proceso creativo como metaficción, la ausencia de causalidad, los viajes interiores por las más íntimas cloacas, los guiños autobiográficos, su predilección por los personajes sin rumbo, etc. - (Agosto 2004)

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