sábado, 2 de marzo de 2013

Aventura serie B

¿Cuántos thrillers baratos y de pésimo gusto podrían escribirse o rodarse con los desvaríos argumentales que encontramos cada mañana en los titulares de la prensa? Y, sin embargo, no termino de entender que la corruptela política haya de ocupar tanta portada, como no la ocupa el que cada mañana salga el sol. Que la mayor parte de las estructuras políticas son corruptas no es nada nuevo; que las administraciones, en sus diferentes estadios, también lo son, ciertamente tampoco es una novedad. ¿Cómo se explica, por ejemplo, el saneamiento de las arcas de las administraciones locales hasta el pinchazo inmobiliario? Las soluciones no parecen muy originales.

1: Acostumbrarse a la fetidez, asimilarla como un peaje democrático y seguir votando a los mismos delincuentes. Es la lección diaria de la CEOE: mimetízate, destroza los derechos laborales  y, ya que estás,  arrambla con lo que puedas.

2: Hacer el mismo diagnóstico y leerlo como inevitable, igual que si se tratase de la ley de la gravedad. Nos aburrimos, nos alejamos y nos desinteresamos del hecho político, que diagnosticamos como corrupto en sí mismo. A esta categoría deben pertenecer buena parte de los que se apuntan a la mayoría silenciosa a la que aluden sin un ápice de vergüenza algunos líderes ultracentristas.

3: Buscar un payaso con acento italiano que, entre risa y risa, recoja los platos rotos y reconstruya una vajilla populista, con algunas derivas inquietantes.

4: Unirse a ese grupo de mareas poco estructuradas pero ilusionantes que se vertebraron en el 15M y que desparraman energía y frescura ineficiente por calles y plazas mientras lloran la pérdida de Hessel.

5. Ya saben, hagan caso a la rima y relájense, que la Troica está juguetona.

6: Mirar a Iberoamérica, quitarnos las lentes etnocéntricas y observar más allá de las viejas categorías coloniales que nos actualizan diariamente las televisiones y los periódicos de la autocomplacida Europa. Tal vez la madre patria tenga algo que aprender.

7: ¿Y por qué no imitar la estructura política vaticana? Tampoco les va tan mal después de dos mil años con sus cositas, al menos en España, país en el que el Opus tiene veinticuatro centros de enseñanza de los que catorce reciben dinerito público.

8: Todavía se me ocurren más salidas. La combinación de los modelos político y económico que han conseguido conjugar en China es una de ellas. El indulto a unos cuantos mosos de escuadra violentos es un experimento a pequeña escala que apunta en esa dirección. Démosles tiempo.

¿Han estado alguna vez en una reunión interna de un grupo político? ¿Han visto cómo se renueva una ejecutiva de partido? Los intereses que ahí se ventean son vomitivos. El salto argumental entre esas razones y las que tapan bocas llenando bolsillos es ridículo Y, no obstante, me resisto a hablar de dineros que escapan a Suiza o de yernos díscolos, porque eso oculta lo sustantivo, el desguace de un Estado en el que –y esto sí es importante- el total de la masa salarial ha descendido por primera vez del 45% de la renta nacional. Y entonces ¿de qué mierdas hablamos?

En fin, que cada uno escoja su solución, incluyendo la elección del puente que servirá de techo al desahuciado. Por mi parte, mientras pueda me quedo en la literatura. Empezaba esta entrada hablando de thrillers y aventuras. No se me ocurre nada mejor que recurrir a los clásicos, esta vez a través del homenaje que les hacen tres autores dispares, especialmente a H. G. Wells. Disfrútenlos. Con cualquiera de los tres pasarán un buen rato.



Autor: A. Bioy Casares
Título: La invención de Morel
Impresión: 7,6

Un prófugo huye a una isla maldita y deshabitada como último recurso para eludir la prisión. Una vez allí, tras inspeccionar el inhóspito entorno, descubrirá que no está solo. Un grupo de extraños turistas han desembarcado en la isla, con lo que nuevamente se ve obligado a esconderse día y noche. Pero con el transcurrir de los días irá percibiendo inexplicables rarezas en el comportamiento de los recién llegados.

La novela, escrita en 1940, en los inicios de la carrera literaria de Bioy Casares, es hoy referencia obligada de los orígenes de la ciencia ficción en español. Tal vez no sea una obra perfecta (como así la califica Borges en el prólogo), pero aún hoy sorprende su audacia y la exhaustiva planificación argumental, la precisión del lenguaje y, sobre todo, un ritmo controlado y sostenido que va inyectando tensión a la trama de manera progresiva y calculada. El título homenajea al Doctor Moreau de Wells y como algunos de los grandes clásicos de aventuras está escrita con formato de diario, incluyendo ingeniosas notas del editor que aclaran o comentan el texto original. Además del hilo argumental principal, encontramos también una delirante historia de amor. Y por fin, bajo la trama, en los cimientos argumentales, Bioy introduce materiales reflexivos que inspeccionan el sentido de la realidad desde diferentes perspectivas, incluida la inmortalidad. Se trata, en fin, de una de las pocas obras de ciencia ficción que se mantienen frescas después de setenta años desde que viera la luz por primera vez, a pesar de que la vertiente tecnológica de la piedra angular que genera y mantiene la intriga sí se haya agrietado algo con el paso del tiempo. En cualquier caso, hablamos de todo un clásico del suspense en lengua española. – (Junio 2010)



Autor: A. Sánchez Piñol
Título: La piel fría
Impresión: 6,6

Cuando leí esta novela por primera vez, hace ahora casi una década, me pareció uno de los mejores relatos de literatura fantástica española, aunque mejor sería decir catalana, pues fue en esa lengua en la que vio la luz originalmente. Ahora, en esta relectura casual, el volumen se resiente de algunas costuras demasiado visibles que trenzaban no siempre con habilidad quirúrgica la vertiente puramente aventurera y un trasfondo antropológico con mayores pretensiones, que en general se plantea con consistencia y en el momento justo, pero que no siempre se resuelve con la limpieza que uno exige a un relato con ambiciones como este. En cualquier caso, sigue siendo, repito, una magnífica historia de aventuras que no decepcionará a los amantes del género.

En las primeras décadas del siglo XX, un joven irlandés que había luchado por la independencia de su país se encuentra ahora decepcionado con las disposiciones de los primeros gobiernos del nuevo Estado que han cortado las amarras inglesas. Desengañado con tanta muerte inútil decide embarcarse como técnico meteorológico a un islote inhabitado durante un año en el Atlántico sur, cerca del continente antártico.

«Hay ocasiones en que negociamos nuestro futuro con el pasado. Uno se sienta en la roca apartada y hace esfuerzos por conseguir un pacto entre aquello que fue, grandes derrotas, y aquello que todavía ha de venir, auténtica oscuridad. En este sentido confiaba en que la suma de tiempo, reflexión y lejanía hiciera milagros. Sólo eso me había llevado hasta la isla.»

Ya durante la primera noche en la isla descubrirá que no está solo y que su compañía va más allá de cualquier locura imaginable. ¿Cómo aguantará todo un año con esa pesadilla antes de que vuelvan a relevarlo? Este es solo el origen del planteamiento, pues las vueltas de tuerca y las modificaciones de la perspectiva del narrador (coincidentes con las del protagonista a través de la narración en primera persona, a modo de diario) tratarán de que el lector vaya perdiendo los referentes éticos tan útiles, a la vez que torticeros, a la hora de acompañar y de digerir este tipo de literaturas. Un guiño final de tinte circular (como la vida misma) terminará de redondear el experimento.

Los trazos argumentales básicos beben de los clásicos del género, de Verne o de Stevenson, pero sobre todo de H. G. Wells y del tremendismo de Lovecraft, y ahí reside su principal virtud, pues la actualización de esas influencias en una trama sólida y bien dosificada es en muchos momentos memorable. Pero el autor catalán es mucho más ambicioso, y lo que realmente pretende es transmitirnos una fábula en la que airear material de mayor enjundia: las bases de la comunicación y de la cooperación, los estratificados peldaños de las construcciones éticas, el sexo y sus manifestaciones subterráneas, etcétera. Ya digo que la superposición de ambas capas (la de aventuras y la antropológica) no siempre es la más adecuada, pero el empeño de Sánchez Piñol es encomiable. – (Febrero 2013)



Autor: F. J. Palma
Título: El mapa del tiempo
Impresión: 5,9

Incitado por la buena acogida que los libros de relatos del autor han tenido en algunas webs y blogs temáticos, me acerco a él por primera vez a través de su obra menos representativa, es decir, a través de una novela de aventuras.

A finales del siglo XIX, el impacto que la novela de Wells dedicada a los viajes en el tiempo tuvo en una sociedad que asumía con irrefrenable y pueril optimismo los avances científicos que se divulgaban casi diariamente, sirve a F. J. Palma para elaborar un complejo divertimento que homenajea al propio Wells, a los pioneros de la ciencia ficción y a científicos que, como Darwin o como los físicos que empezaron a desconfiar de los principios hasta entonces inmutables de la física newtoniana, hicieron tambalearse algunas de las nociones en las que se basaba una concepción social inmovilista e impermeable.

La novela se desarrolla a modo de tríptico, comenzando por narrar el intento de frustrar el último asesinato de Jack el destripador, para lo cual, un joven enamorado de su última víctima se verá abocado a retroceder ocho años hacia el pasado. En la segunda parte, de tintes más románticos y picarescos (suponiendo que pudiera aplicarse este adjetivo a un desarrollo puramente anglosajón), una joven insatisfecha con la época que le ha tocado vivir decide huir al futuro, al año 2000, fecha ésta en la que robots y humanos se encuentran en guerra para dilucidar la primacía y el futuro del mundo. Por fin, en la tercera entrega, el autor se desmelena y nos propone un desenfrenado thriller temporal que es seguido a duras penas por el lector quien no puede evitar la sensación de viajar en una vertiginosa montaña rusa.

El volumen, con una extensión que supera las seiscientas páginas, está elaborado con esmero y cuidado, introduciendo las vueltas de tuerca y los golpes de efecto necesarios para sorprender al lector en los momentos justos, si bien, su excesiva extensión hace que los inevitables altibajos estén demasiado presentes, con numerosas divagaciones y prolijas descripciones que en ocasiones poco aportan al conjunto. En todo caso, se trata de una novela de entretenimiento mucho mejor escrita y construida que las que suelen poblar y nutrir los escaparates librescos. Habrá que repetir con este autor, pero acudiendo a sus volúmenes de relatos que, según parece, lo señalan y distinguen muy por encima de la mediocridad circundante. – (Septiembre 2009)


Ps:
Somos muchos los varones avergonzados de que imbéciles como Toni Cantó quiera representarnos. Por fortuna, solo nos une la colita, aunque en su caso almacene ahí toda su masa cerebral.

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