Antes de terminar el verano y de volver a las promesas y rutinas otoñales, no podía ser de otra forma, habrá que recordar otro libro de la época estival, pero esta vez de verdad, es decir, aludiendo al denostado “libro de verano” por excelencia, al volumen de evasión. Y si ayer saltaba de 2003 a 2006, hoy paso de largo otros tres años para instalarme en la actualidad o casi. Sin duda, el mayor fenómeno editorial del año –de éste y del pasado- lo constituye la saga Millenium y, claro, también por ahí he pasado. A pesar de la prevención inicial ante este tipo de fenómenos, la sensación resultante, al menos la de la primera entrega, no ha sido en absoluto desagradable. En este sentido ha habido suerte; las lecturas veraniegas, incluso las de puro pasatienpo, han conseguido apaciguar en parte el tórrido estío.
Autor: S. Larsson
Título: Los hombres que no amaban a las mujeres
Impresión: 6,3
En esta primera entrega de la trilogía Millennium, uno percibe con agrado en primer lugar que el hecho de convertirse en best-seller no es consecuencia necesaria (aunque la costumbre lo desmienta una y otra vez) de que la novela que origina el fenómeno de ventas sea simplemente bazofia; o, al menos, existen excepciones a la regla. Esto es así porque el autor ha escrito una novela negra en la que ha querido reflejar las preocupaciones sociales que han sido motor de su hacer periodístico: el creciente neofascismo que en Europa se disfraza de derecha democrática, la corrupción económica y la connivencia de la prensa temática, el papel de la mujer y el del hombre con relación a ella, la desnaturalización y la autocomplacencia de los medios de comunicación, Etc. Y todo ello a través de un relato negro que, por lo demás, podría ser más o menos convencional, aunque también es destacable el tratamiento de los personajes: el periodista e investigador Mikael Blomkvist (trasunto del propio Larsson), la peculiar investigadora Lisbeth Salander (recreación adulta de una Pippi Langstrump desubicada y marginal) o la saga familiar de los Vanger. El argumento es sencillo: por distintos y retorcidos –aunque verosímiles- motivos, ambos investigadores, Mikael y Lisbeth, se ven abocados a desenterrar la investigación de la desaparición de un vástago de los Vanger (la joven Harriet) ocurrida en los años sesenta. La familia es conocida en el país por ser propietaria de un importante complejo industrial venido a menos y los resultados de la investigación irán descubriendo algunos de los más ocultos y tenebrosos fantasmas que las relaciones y rencillas familiares han ido alimentando. En definitiva, sin olvidar que se trata de una novela de entretenimiento, algunos de sus ingredientes extraídos de la realidad sociopolítica y económica que empezamos a ver con naturalidad, además del tratamiento del ritmo argumental, pausado, contenido y cercano, hacen de este primer Millennium un relato más que aceptable. – (Julio 2009)

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